| - Recuerdo
que estaba terminando mi turno dice Luis. Agrega: "el jefe
estaba muy jodío. Si no terminábamos toda la pega,
nos iba a correr las vacaciones para después de la Navidad
o del Año Nuevo. Nos decía que había que sacar
la pega como fuera y me puse a tirar las últimas piezas.
Entonces se juntó todo, las vacaciones, las fiestas, la presión
del jefe, saber que era quincena y que había plata en el
cajero. Yo tenía la cabeza en otro lado y la inyectora no
estaba ciento por ciento segura".
Luis sintió
un dolor. Pero no pudo precisar qué ocurría.
- En esos segundos,
nada me cuadró. Lo único que sentía era un
dolor, pero tampoco sabía que venía de mi mano. Me
salvé porque no solté las tenazas y estas trabaron
el cierre de la maquina. Si se hubiera cerrado, el material habría
salido y me quedo sin mano.
Luis perdió
el dedo medio. Algunos de sus compañeros quedaron tan impactados
que sólo atinaron a llorar. Durante mucho tiempo él
también quería quebrarse. Si se sobrepuso fue para
no afectar a su familia.
Hasta hoy sigo tratando
de no mostrar pena para no achacar a mis hijos ya mi esposa. La
que sufrió harto fue mi hija, que es mi regalona. Ella se
ponía a hacerme cariño en el pelo y lloraba al lado
mío. y quería quebrarme pero disimulé.
Cuando pudo volver
a la empresa estuvo un buen tiempo realizando trabajos livianos.
Pero cuando pasaba frente a la inyectora, se descolocaba.
- Veía la máquina
y me producía rechazo. Ahí el jefe me puso un desafio:
que me fuera acercando de a poco. Un día tomé las
tenazas, saqué las piezas y agarré el ritmo al tiro.
Fue entretenido, como volver de unas vacaciones.
Lo único diferente
es que la máquina ahora cuenta con puertas de seguridad.
Tuvo que pasar esto pa' que le pusieran más control.
A Luis no le tienen
apodos. En parte se debe a que todos corren el riesgo de pasar por
lo mismo. Sólo un determinado grupo de operarios bien calificados
se atreven a meter sus manos en la inyectora.
- La inyectora es altamente
peligrosa porque trabajai con metales fundidos. Además, tiene
como 30 o 40 años. Una vez a un compañero le saltó
todo el material a la cara y si no hubiera sido por la careta estaría
todo quemado.
Aunque el caso de Salvador
es menos grave que el de Luis, su accidente impactó a todos
quienes trabajaban con él. No recuerda los detalles, pero
en un momento se vio con la mano cazada dentro de la máquina.
- Recuerdo que sólo
atiné a pedir ayuda a gritos. En ese momento nadie me escuchaba
porque el ruido en el taller era muy grande. Cuando sus compañeros
se percataron, trataron de auxiliarlo. Pero la fuerza de la máquina
no les dejó abrir la compuerta manualmente.
- A esa altura estaba
perdiendo el conocimiento y sentía como mi mano se iba quemando.
Cuando la logró
sacar, el metal había traspasado su guante de seguridad.
- Mis compañeros
me sacaron en camilla porque a esa altura las piernas se me doblaban
solas.
Luego vino la cirugía.
- Prácticamente
me tuvieron que reconstruir el dedo chico. Estaba todo quemado.
Si me miran las manos por separado, lo más probable es que
no encuentren diferencias. Pero si las junto te dai cuenta al tiro
que algo raro tiene. Producto del accidente, el dedo chico quedó
más pequeño que el otro. |