de las tareas de oficina, que
cada vez abarcan más actividades, Tales como Serrat en una
canción, millones de humanos viven como su vecino, que pasa
«ocho horas sentado tecleando un ordenador’.’
¡Ocho horas sentado! Más el tiempo que demoró
en trasladarse de su casa al trabajo, y el que ocupará para
regresara su hogar, quizás sentado también. ¿Y
llegará a sentarse a comer y verla tele? ¡Pobre esqueleto,
pobres músculos! ¡Pobre circulación sanguínea!
Males en pantalla
¿Qué podemos hacer? Cambiar el mundo no parece una
alternativa válida. Más lo es entender las reglas
del juego o mejorarlas con los avances de la ciencia y la tecnología.
Pero veamos: ¿por qué es tan dañino estar sentado
tanto tiempo? Por varias razones: la circulación sanguínea,
especialmente en las piernas, hacia donde debe ir y retornar, no
cumple su tarea con la misma eficacia si no hay movimiento que la
ayude. Por otra parte, la columna vertebral, que debería
mantenerse derecha, recta, a menudo es maltratada con la pésima
costumbre de inclinarse hacia el escritorio y, sobre todo, hacia
el teclado del computador. Esto, sumado al estrés, que va
poniendo tensos los músculos, termina por hacer presión
sobre las vértebras, ocasionando molestias en el mejor de
los casos, o causando desplazamientos de esos delicados huesos que,
junto a los nervios, componen un intrincado mecanismo.
Ya llegó el dolor de espalda. Y si a ello se suma el hecho
de que la pantalla del computador no está frente al usuario,
sino a un costado, el cuello sufrirá las consecuencias.
Más aún: los brazos,
a menudo sin sin apoyo, deben realizar un esfuerzo adicional, del
que rara vez somos conscientes, para darles a las manos la fuerza
para apretar las teclas.
¿Resultado de todo lo anterior?
Una serie de patologías que van llenando los formularios
de licencias médicas. Pero estos aspectos han sido estudiados
a fondo por diversos especialistas, y fundamentalmente por los traumatólogos,
que deben restaurar las funciones alteradas de columna, cuello,
y extremidades superiores de los trabajadores de silla. Y en este
ámbito, la democracia impera en forma notable, porque no
hay mayores diferencias entre un gerente que pasa pegado a su computador,
y su secretaria, que hace lo mismo, o el digitador que traspasa
datos durante toda la jornada.
Sin embargo, las reacciones individuales
suelen ser diferentes. Por eso, el doctor Alejandro Bisfani, del
Hospital del Trabajador, médico cirujano y traumatólogo,
aclara: «Ninguna de esas patologías puede ser catalogada
como enfermedad profesional propiamente tal, ya que las enfermedades
profesionales son las que se producen a consecuencia de un trabajo
realizado en forma reiterada, que deriva en una alteración
específica que se detecta por igual en todas las personas
que efectúan dicha tarea».
Y las «enfermedades de oficina» no son tan absolutas.
Mientras a uno le duele la espalda, el otro se queja del dolor de
brazos y el de más allá acaba de anunciar que tiene
tendinitis. La biología propia influye en la susceptibilidad
hacia una molestia determinada. Y en esto influye mucho el estrés
y la correcta o incorrecta postura del cuerpo.
La solución ergonómica
¿Qué hacer?
En la Asociación Chilena de Seguridad se han realizado investigaciones
sobre el tema. De hecho, desde hace doce años tienen un Departamento
de Ergonomía, que dirige Víctor Corcova magíster
en Ergonomía, obtenido en la Universidad Politécnica
de Cataluña. Córdova trabaja con otros dos expertos
en el área, el Dr. Juan Carlos Hevia y el ingeniero ergónomo
Abel Celedón. ¿Qué es la Ergonomía?
«Una rama de la Salud Ocupacional, cuyo objetivo es corregir
y diseñar objetos y ambientes ocupados por personas, para
que sean más seguros, cómodos y eficientes».
En síntesis, se busca la adaptación mutua entre las
personas y su trabajo.
Y como los trabajos pueden ser muy variados, porque no es lo mismo
una mina de cobre que una agencia de publicidad, se ha desarrollado,
como una subdisciplina, la Ergonomía de Oficinas. Y otra
más fina todavía, que nació con nombre en inglés:
la Human Computer Interaction, o Comunicación con Pantallas
de Computador, que abarca incluso aspectos como el diseño
de los iconos que todos utilizamos, sin preguntarnos quién
los diseñó ni cómo nos gustaría que
fueran.
¿Qué se ha logrado?
Primero, saber que por lo menos una vez en su implica que ese 75%
haya estado enfermo, sino que ha experimentado problemas o dolores
en la espalda, cuello, o extremidades superiores (brazo, antebrazo,
mano). Y el 50% de quienes trabajan sentados han informado alguna
vez de molestias visuales, como fatiga, sensación de ardor
en los ojos o irritación.
Ambientes gratos
Pero, ¡atención! Son muchos los factores que intervienen
para provocar estas molestias. Por una parte, están los ruidos,
que incomodan a los más sensibles, o a los que se quieren
concentrar mejor; la temperatura, demasiado alta o demasiado baja;
la iluminación, muy potente, o definitivamente escasa; los
brillos y reflejos sobre la pantalla del computador; la calidad
del aire, que a menudo es reciclado y se percibe como poco limpio...
y la percepción que tiene el mismo trabajador sobre su entorno.
En buen chileno, si alguien se siente grato en su ambiente laboral,
va a experimentar menores molestias que alguien que está
francamente a disgusto en esa oficina.
Esa percepción de «grato» o «desagradable»
no elimina los elementos objetivos. Córdova indica que las
horas de permanencia frente al computador han aumentado durante
los últimos diez años, con el uso del correo electrónico,
el e-business, y la búsqueda de información en internet,
cada vez más frecuente, incluso a niveles de enseñanza
básica. ¿Entonces?
Bueno, con esos datos, muchas normas ¡SO, que buscan mejorar
la productividad protegiendo a los seres humanos, están siendo
aplicadas en Chile por diversas empresas. Y para colaborar en forma
práctica, este Departamento de Ergonomía de la Asociación
Chilena de Seguridad preparó un software, Ergo Info, que
en el fondo es material de difusión sobre este tema, tanto
para las compañías como para los trabajadores.
Cambios positivos
Les ha ido bien. Sus seminarios y charlas han sido aceptados y aplaudidos
en muchas de las 35 mil empresas afiliadas a esta mutual. Un número
importante de organizaciones ya ha efectuado cambios positivos en
el ambiente físico, proporcionando una ventilación
sana, luz adecuada y mobiliario ergonómico. Pero resulta
que cada uno de los trabajadores debe ocuparse de sí mismo,
fundamentalmente vigilando sus posturas. Si logramos tener mayor
conciencia de lo que es bueno y lo que es malo con respecto a nosotros
mismos, los «males de la oficina» van a disminuir ostensiblemente.
Quizás no desaparezcan del todo, pero al menos evitaremos
los problemas mayores. Vale la pena el esfuerzo de estar alertas.
Total, nunca es tarde para aprender.
El autocuidado ayuda
• Uno puede saber que es «malo» inclinarse sobre
el computador, pero de repente el dolor le avisa que hace rato que
está con los hombros encogidos, y la cabeza casi pegada a
las teclas.
• Hay que mantener la espalda recta, pegada al respaldo de
la silla (ojalá ésta tenga un cojín lumbar
incorporado, vale decir, un diseño ergonómico).
• Otro consejo básico es poner la pantalla del computador
frente al rostro, para evitar torcer el cuello (lo que va a provocar
dolor a corto o mediano plazo). La línea horizontal de visión
debería coincidir con la parte superior de la pantalla, dicen
los expertos.
• Los pies deberían estar bien apoyados en el suelo,
para mejorar el retorno venoso. Ideal sería ponerlos en posición
de descanso, lo más extendidos posibles. Por eso los escritorios
deberían tener abajo suficiente espacio, y si hay un apoya-pies,
mejor aún.
• Como la gente normalmente es diestra, se recarga el lado
derecho, sin darse cuenta. Para equilibrar, se sugiere utilizar
el mouse con la mano izquierda. En tres semanas se adquiere la costumbre.
• Ponga los documentos en un atril, para evitar problemas
cervicales. Los apoya-muñecas no garantizan nada, pero son
cómodos.
• Haga pausas de vez en cuando para elongar la espalda. Los
expertos hablan de «micro pausas compensatorias», de
pocos segundos, en cuanto se sienta alguna molestia, por pequeña
que sea. Eso es mejor que esperar “el gran dolor” para
interrumpir la tarea. |