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ENTREVISTAS, TESTIMONIOS Y OPINIONES |
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Motivar
al personal es una entre tantas tareas que debieran cumplir las
personas que ejercen como supervisores o jefaturas de distinta índole,
junto con potenciar el desarrollo de las competencias y la retroalimentación
de su desempeño.
¿Pero por que motivar al personal? ¿Por
qué motivar al uso de implementos de seguridad? ¿Acaso
no firmaron un contrato al inicio de sus funciones? |
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La motivación es un proceso interno y propio de cada persona,
que consiste en la ejecución de conductas hacia un propósito
que el individuo considera necesario y deseable. Es un proceso
producido por el resultado de una evaluación que el individuo
realiza de una situación determinada. El sujeto evalúa
su entorno y toma la decisión de movilizarse para lograr
tal o cual cosa, siempre que eso traiga una recompensa asociada
(o evite un estimulo aversivo). Veamos un ejemplo: un sujeto toma
la decisión de no aceptar un nuevo trabajo, aunque el sueldo
es mucho mayor, pero las condiciones de vida menores a las actuales.
En este ejemplo, el individuo no se sintió motivado al
cambio de trabajo, dado que al evaluar dinero v/s calidad de vida,
esta última prevaleció. De la misma manera, otra
persona podría perfectamente aceptar este trabajo gracias
a una evaluación dinero/deudas o dinero/ ahorros futuros
de cómo favorecido al dinero.
Siguiendo el ejemplo, la motivación no la creó
un externo, sino que se generó en la mente del sujeto.
Bajo esta mirada, ninguna persona puede motivar a otra directamente,
sino que sólo puede presentar alternativas o modificar
el ambiente para que sea el sujeto a motivar quien tome la decisión
que queremos que tome. Esto es más fácil cuando
conocemos a las personas que trabajan con nosotros, función
importantísima de un líder, conocer sus aspiraciones,
deseos y necesidades, de manera que seamos capaces de identificar
la forma de ofrecer alternativas correctas que “movilicen
a otros” hacia las metas deseadas.
En algunas empresas, el único agente “motivador”
siguen siendo los bonos o incentivos monetarios. Se hace
una oferta a los trabajadores de que si logran tal o cual meta,
entonces recibirán tal beneficio pecuniario. Este “motivador”
es altamente efectivo en el corto plazo, aún que en el
largo plazo puede ser tan destructivo como la droga, ya que el
trabajador genera tolerancia a los bonos, por lo que cada vez
va a necesitar de mas y mas dinero para realizar el trabajo que
originalmente se contrató por un sueldo determinado, lo
que se traduce en una mala práctica empresarial, altos
costos y problemas a futuro.
Lo anterior no considera los aspectos ya nombrados (expectativas,
aspiraciones, deseos, necesidades, otros) con las respectivas
consecuencias. Motivar a los trabajadores considera acciones más
efectivas y muchas veces menos costosas, como un correcto plan
de promoción y ascenso, concurso de pasantías, reconocimientos
sociales, participación en comités especiales, consideración
como parte de algún panel de expertos o simplemente el
reconocimiento del gerente del área (especialmente para
trabajadores sin personal a cargo). Estas son algunas de las muchas
acciones que se pueden implementar, con costos mucho más
bajos que los repetidos bonos, de manera única o complementaria
a dineros extras.
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Que los trabajadores estén motivados
a trabajar en un ambiente limpio y seguro es uno de los desafíos
de los líderes de una organización. No basta tener
los procedimientos en libros con letra dorada, sino lo que importa
es hacer de esos procedimientos un estilo de vida en los trabajadores.
La seguridad debe traducirse en prácticas y hábitos,
debe ser incluso un valor en cada persona, pero ¿Cómo
lograr esto? |
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Esto se logra principalmente
con dos acciones: 1) contar con un reglamento explicito y una política
clara acerca de las prácticas deseadas en seguridad con su
correspondientes estándares e indicadores con los que medir
el desempeño de los trabajadores, y 2) un sistema de reforzamiento
de las conductas positivas y proactivas a la seguridad, hecha por
el líder a través de la retroalimentación constructiva.
Así, generamos un marco normativo, las reglas del juego,
junto a un sistema de reforzamiento de conductas, que desde una
mirada funcional, permite que los trabajadores ajusten sus conductas
al estándar deseado en seguridad.
Recordemos que la motivación
del trabajador es beneficiosa tanto para la empresa como para él
mismo. Para la empresa, porque va a determinar el esfuerzo final
del sujeto en la consecución de metas, la calidad de sus
productos o servicios y la satisfacción de sus clientes,
y para él mismo, ya que previniendo accidentes uno disminuye
la probabilidad de que en su ocurrencia las consecuencias sean mayores
que de no haber tomado las precauciones necesarias en trabajos de
alto riesgo, como el de altura, con explosivos o material corrosivo,
por ejemplo.
Para el líder la motivación
del personal también es un determinante de la autonomía
de trabajo del sujeto, o como llamamos técnicamente, de la
madurez laboral, ya que cada trabajador debe ser capaz de trabajar
con calidad y seguridad aún cuando no cuenta con la supervisión
directa de su jefatura. Si logramos esto, entonces los esfuerzos
de “supervisar” serían menores y dedicaríamos
ese tiempo a otras tareas.
Existen al menos 3 aspectos
de la motivación que los supervisores y jefaturas (líderes)
deben conocer y manejar:
1. La eventual retribución
que los trabajadores reciben por un mejor rendimiento (salario,
ascenso, promociones, otros): ello implica que el trabajador debe
creer que es competente para realizar una tarea, que los esfuerzos
adicionales no serán demasiados y que estos esfuerzos se
traducirán en resultados que serán valorados por su
jefatura o grupo.
2. El grado en que los trabajadores
perciben la aceptación del grupo y la estabilidad que el
trabajo les asegura.
3. La administración eficaz
de la relación entre el supervisor y subordinado. Existe
una complicidad funcional entre supervisor y trabajadores, en cuanto
se relacionan para generar resultados dentro del esquema de organización.
Mientras más extensa sea esta distancia, la relación
se “enfría” a tal grado que no existe en el supervisor
una política de “cumple o se va”, dado que ve
el recurso y no la persona. Al mismo tiempo, el trabajador no valida
a su superior, se ve muchas veces abusado por la autoridad y podría
tender, en el peor de los casos a generar conductas tendientes a
causar problemas de manera activa (destrozos, pérdidas, accidentes)
o pasiva (omisiones, comunicación incompleta o errónea,
rumores entre otros). Una relación muy estrecha diluye la
autoridad del supervisor e impide que este último ejerza
su poder, dado el “compadrazgo” y la “amistad”
entre ambos. La distancia prudente entre supervisor y trabajador
es aquella que favorece la convivencia, dentro de roles definidos
y sin perder el norte de la producción, seguridad y calidad
en todo momento. |
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Autor:
Kurt Goldman Zuloaga.
Psicólogo Organizacional
Master© en Dirección de Recursos Humanos.
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