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Intoxicaciones por metales pesados

Manganeso:
El manganeso es un metal de transición indispensable en la producción de acero. Además, es un componente de las soldaduras y de sus humos. Está presente en pinturas, en insectidas, como antidetonante de gasolinas y también se utiliza como nutriente de animales. Su principal vía de ingreso es la respiratoria y su vida media es de 39 días.

Se elimina principalmente por las heces. Altas exposiciones a manganeso alteran la velocidad de respuesta visual, el movimiento fino de mano y antebrazo y suscita la aparición de temblor fino. A partir de determinados niveles tiene efectos tóxicos en el Aparato Respiratorio por depósito e interferencia con la inmunidad local y en el Sistema Nervioso Central, por alteración del metabolismo de catecolaminas y melatonina.
 
El cuadro clínico neurológico de la intoxicación se ha clasificado en tres etapas: de acuerdo a la intensidad de las manifestaciones, que van desde la anorexia, fatiga y cefalea; a un temblor de intención, dolores musculares, vértigo, ataxia; hasta llegar a severas alteraciones motoras que dificultan la marcha o la tornan rígida (como pasos de gallo), comprometen la articulación de la palabra y la expresión facial (cara de máscara). Presenta algunas semejanzas con el Mal de Parkinson, pero tanto las lesiones orgánicas como su fisiopatología son diferentes.

Cromo:
El cromo (Cr) es un metal que posee varias valencias: 0, +2, +4, +5, +6 . Pero el cromo que tienen importancia en higiene industrial corresponde a la valencia +3 que es cancerígeno, sin absorción dérmica, pero sí por vía gastrointestinal. En tanto, el cromo +6, que es absorbido por la piel y fácilmente ingresa a las células, en donde es reducido a +3, también reviste peligrosidad. El cromo +3 causa cáncer de pulmón, perforación del tabique nasal, bronquitis, asma y dermatitis de contacto. Los trabajadores más expuestos son aquellos que faenan en sectores productivos del acero, cromado, fundiciones de cromo, de ferrocromo y pinturas que lo usan como pigmento.

Arsénico:
El arsénico ocupa el lugar número 20 entre los elementos más abundantes en la corteza terrestre. En general, se encuentra en cantidades de 2 mg/kg. En la II Región se encuentra en promedio de 3,2 mg/kg. Sin embargo, hay sitios con concentraciones de 637,5 mg/kg. (Salar del Carmen, Antofagasta) ó 372 mg/kg. (Río Loa, Quillagua). Estas elevadísimas cifras están determinadas por la estructura geomorfológica de la zona. Si bien las condiciones geológicas de la zona han concentrado en los suelos y aguas de esta región grandes cantidades de arsénico, pudiéndose hablar de una arsenicismo endémico “natural”, no es menos real que la explotación minera de esos suelos ha liberado a la atmósfera y al agua, cantidades significativas de este metal, aportando un fuerte componente social al fenómeno natural. Las cifras de mortalidad por cáncer pulmonar, de vejiga y del aparato reproductor femenino de Antofagasta son notablemente superiores a las del promedio nacional. Una solución importante ha sido el abastecimiento de agua con bajos niveles de arsénico, pero dentro de la minería siguen existiendo aún niveles de contaminación y de exposición notables. Los compuestos de arsénico se utilizan frecuentemente en la fabricación de cerámica, vidrio y como compuesto de insecticidas y rodenticidas.

Efectos:
El arsénico actúa inhibiendo el sistema inmune, provoca aberraciones cromosómicas en los linfocitos. Lo más típico es la exposición crónica. Una reacción tópica de piel y mucosas. Es muy característica la aparición de puntos blancos en la piel (leucomelanodermia puntiforme) y la formación de callosidades puntiformes a la manera de clavos córneos en palmas y plantas. Además de piel de gallina, placas bronceadas, estrías, hiperqueratosis, localizadas especialmente en escroto, axilas, ingles y cara. Existe daño al Sistema Nervioso Central (SNC), con sensación de entumecimiento, quemazón, hormigueo, prurito, espasmos, temblor y parálisis en extremidades semejante a la tetraplejia. En hígado puede provocar una cirrosis hepática y también puede afectar al riñón. Hay una clara asociación de los niveles de arsénico con cáncer pulmonar, pleural y renal. En situaciones de exposición aguda se produce un cuadro intestinal con gastroenteritis, esofagitis, vómitos, diarrea, náuseas, dolor abdominal, pudiendo llegar al shock. Los trabajadores usualmente se monitorean mediante la medición de Arsénico en orina. La concentración máxima permitida es de 200m gr. / litro. Al revés de otros metales, la fracción tóxica es aquí la inorgánica, pues las orgánicas son de excreción muy rápida.
 
Plomo:
Su uso es muy antiguo. Desde el año 2500 antes de Cristo se conocen sus efectos. Pero la tasa histórica de emisión de plomo parece haber tenido un salto marcado con la Revolución Industrial. El plomo forma parte de numerosos procesos industriales, destacándose su presencia en la industria automovilística, específicamente en la fabricación de baterías. Otra fuente de plomo relacionada con el transporte es la gasolina. Se trata de compuestos alquilados, de mayor toxicidad y difusión orgánica que el plomo metálico.
   
Estos aditivos se usan como antidetonantes y las cifras tolerables se están reduciendo en el mundo, impactando favorablemente en los niveles de plomo ambiental y en su toxicidad. Asimismo, la existencia de sistemas catalíticos ha impuesto el uso de bencinas sin plomo. El plomo no posee ninguna función fisiológica en el organismo. En la industria se encuentra en forma de metal en revestimientos, serpentines, bombas. También se utiliza en la fabricación de distintos compuestos químicos, tuberías, recubrimiento de conductores eléctricos y acumuladores de baterías. En aleaciones con Antimonio (Sb) en imprenta, con estaño (Sn) en soldaduras, con Arsénico en perdigones de metralla y en pinturas antioxidantes. También es usado en colorantes para base de pintura y barnices (blancos: Albayalde, cerusa y amarillos), como acetato de Plomo en la industria cosmética (Grecian 2000), en gasolinas como antidetonante (Plomo tetraetilo), como Arseniato en Insecticidas agrícolas, como carbonato en el estudio de huellas dactilares.

Efectos:
Se han detectado efectos hematológicos, cardiovasculares y evidencia de deterioro de la función renal en sujetos con cifras de plomo plasmático elevado. Asimismo, los daños al sistema respiratorio se reflejan en el incremento de neumonías asociadas a niveles elevados de plomo en aire. Se ha detectado la inhibición de fagocitos y distintos efectos sobre la inmunidad pulmonar. A niveles de bajas dosis, existen evidencias de daño neurológico y neurocomportamental, que podrían expresarse en trastornos del aprendizaje y déficit atencional. También existen asociaciones en trabajadores expuestos a plomo, con mayor mortalidad por tumores en general. Otros efectos tienen que ver con el sistema reproductivo. Por ejemplo, se asocia la sostenida baja del recuento de espermios en Europa en las últimas décadas a la toxicidad de plomo.

Mercurio:

Se puede encontrar en estado metálico puro en los termómetros, en las clínicas dentales e instrumentos de precisión. La absorción es a través de la inhalación de vapores. Por su baja presión de vapor, se evapora a temperatura ambiente. Eso lo constituye en riesgo para la salud cuando se almacena en grandes cantidades. Si se ingieren pequeñas cantidades (cuando un niño se traga el mercurio del termómetro) la absorción intestinal del mercurio metálico no representa riesgo, ya que es muy baja. Pero en caso de ingerir accidentalmente grandes cantidades, por ejemplo, un trabajador de la industria de instrumentos de precisión, puede llegar a ser un grave accidente laboral.

Efectos:

El mercurio es tóxico a nivel del Sistema Nervioso Central y del riñón. Los síntomas de intoxicación crónica son básicamente tres: eretismo, temblor y estomatitis. La irritabilidad, hiperactividad, labilidad emocional, timidez, pérdida de la memoria, constituyen el eretismo mercurial o enfermedad del “Sombrerero Loco”. Este último nombre proviene de los sombrereros que se intoxicaban en el proceso de secado de los sombreros, cuando el fieltro despedía vapores mercuriales, provenientes de los residuos de mercurio al tratar las pieles de roedores (conejos, liebres, ratas almizcleras, coipos, castores) con nitrato de mercurio. Actualmente, se usa peróxido de hidrógeno, bario para estas labores. Otros síntomas son alteraciones gastrointestinales como gastritis, gastroduodenitis, náuseas, dolor abdominal, vómitos y diarrea. También se presenta dolor de cabeza, dermatitis, trastornos de la visión y manchas de color pardo grisáceo en el cristalino, gingivitis (que aumenta con la falta de aseo), sangramiento y líneas azuladas en las encías.
 

Fuente: SESMA

 

 
 
 
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