| La
connotada poetísa María León Bascur, Directora de la revista
literaria "Safo", es la encargada de escribir el prólogo de
este libro, que reproducimos a continuación:
"PROLOGO
...
Y
TAN SOLO SOMOS SOMBRAS QUE El TIEMPO LLEVA.
Mientras Rocío Rosas viajaba en un bus desde Curicó y yo esperaba
en una estación del Metro su arribo a la capital, trataba de imaginarme
cómo sería esta joven poetisa que, un par de días antes me había
llamado por teléfono para concertar una cita conmigo. De repente,
apareció una hermosa muchacha, de estatura física baja y cabellos
rubios que se acercó con una sonrisa tan amplia como el horizonte,
y me expresó: «Ud. no debe acordarse de mí. Yo soy Rocío. Una vez
la vi en el Salón de Honor de la Universidad de Talca con sede en
Curicó haciendo un recital poético y entonces me dije: esta es la
mujer que deberá hacerme el prólogo cuando publique mi primer libro».
Nos
abrazamos y partimos a un café céntrico a desayunar. La verdad es
que no me acordaba de ella, pero nos hicimos grandes amigas en ese
mismo instante. Por cierto, yo la había conocido pero hacía más
o menos unos seis años, cuando no era más que una simpática adolescente
con severas inclinaciones hacia el arte de Hornero.
luego de confesarme sus terribles penas de mujer traicionada por
la vida y el destino, me hizo entrega de su poemario, pidiéndome
que se lo prologara. Honor y sorpresa para mí, al percatarme que
una poetisa tan osada y plena de vida, que pese al drama que vivía
por aquellos días, me confiara sus versos de amor e intimidad antes
de dar a luz su primera parición literaria. Rocío Rosas, poetisa
entusiasta y de gran encanto personal, desinhibida y audaz dispara
sus primeras saetas gatillando directo al blanco que se propone,
cuando dice: «Fuego lujurioso de tu boca/ diseminando tu saliva
en mi cuerpo/ incitándome a la locura cósmica/ hasta la demencia
absoluta de todas las formas/ encendiendo gritos de alegría». De
tal forma, Rocío va derecho al grano, sin rodeos ni insinuaciones,
sino clavando a fondo su fresca y delirante flecha envenenada de
erotismo y sugerencias.
«INVENTAME» es
el sugerente título de su primer poemario, y también del segundo
capítulo de los cinco que conforman este libro, donde reza: «Invéntame/
dame tus caricias/ Descúbreme/ con conocimiento de causa/ que aún/
habito en tu memoria». Por otro lado, añade: «Adúlame/ compañero
nocturno/ todavía soy/ tu Reina de Eros». Por ende, cabe constatar
que el placer y la coquetería femenina son elementos importantes
y poderosamente encarnados en su propuesta poética.
Entre otras, quizás una de las ventajosas virtudes que se conjugan
en su poemario, sea la agilidad de lectura que aporta al lector,
considerando que Rocío maneja extraordinariamente bien la síntesis,
cualidad poco usual en el común denominador de las primerizas.
Con un lenguaje sencillo y directo, muy propio de mujer apasionada,
por excelencia, Rocío acota: «Déjame amarte/ Apégate a mis faldas/
quiéreme/ aún es tiempo». Así, con verdaderos chispazos y arranques
de ternura y pasión, continúa en el cuarto capítulo, titulado «Sino»:
«Estimula mis pasiones/ Amorcito/ y verás/ como soy/ apta para amarte».
Mecanismos propios de poetisa irreverente que no trepida en exigir
y, al mismo tiempo, ofrecer su amor al hombre que ama, a través
de su lira.
Del mismo capítulo, Rocío deja entrever la decepción que, como es
natural, viene a ser otro de los matices ligados a los contradictorios
vaivenes del amor, y se lamenta: «Amar en silencio/ es habitar/
pisando llagas/ expirando/ partiendo la vida/ de ausencias/ sin
destinos».
Para mi gusto (en un tono superior), uno de los mejores poemas que
logra concretar es aquel en que despliega su vuelo en un viaje abstracto
por la noche insondable de los tiempos, en búsqueda de esperanzas,
de ese algo o quien sea. Dice: «Alguien/ viene a salvarme/ de días
sin historias/ Honduras en blanco/ Un lenguaje callado/ una sombra/
en el fondo de la noche». Aquí, lo onírico juega un papel preponderante
dentro su vuelo y de su verbo.
Así canta esta joven de Curicó, lagar de sueños, telares y ambrosía.
Apasionada, a veces, otras, melancólica¡ pero mujer al fin, cargando
sus dardos de amor y dispuesta a conquistar el mundo de Euterpes
con su: «...Fuego eterno/ emigro/ en silencio».
Celebremos,
entonces, con alegría y grandes esperanzas este primer poemario
escrito por Rocío Rosas, cuyo nombre de agua y de flor, sugiere
vivo interés, de modo de almacenar en la memoria dignos vocablos
para recordar en el futuro, espacio - tiempo en el que le auguramos
una interesantísima trayectoria como creadora literaria dentro del
marco de las poetisas emergentes que se inician en el difícil y
complejo mundo de las letras nacionales.
María
León Bascur |