Cómo opera
El mecanismo consiste en un sensor de impacto ubicado en el frontis
de la carrocería. Al activarse el sensor y producirse a
la vez una desaceleración longitudinal y continua del vehículo,
el sistema infla una bolsa de doble lámina de poliuretano
reforzado, instalada en un módulo especial al interior
del volante. Algunas marcas ya están introduciendo airbags
a los costados, para brindar protección en caso de colisiones
laterales.
El gas que llena la bolsa (compuesto por nitrógeno y dióxido
de carbono) es inyectado con tal fuerza que se libera una presión
de unas 2.500 libras, provocando casi un estallido. Así,
en menos de una décima de segundo se alcanza un volumen
de entre 40 y 80 litros.
Usarlo, pero usarlo bien
En conjunto con el cinturón de seguridad, el airbag constituye
un elemento fundamental dentro de los sistemas de protección
en un automóvil. Siempre debe ser usado con el cinturón,
porque una bolsa de aire activada frente a una persona que no
lo lleva puesto puede ser más peligroso que no tenerla.
La fuerza y velocidad con que se infla pueden ocasionar serias
lesiones o incluso la muerte, ya que ante un impacto el cuerpo
se va bruscamente hacia adelante y "rebota" en forma
violenta contra el dispositivo. Este, por encontrarse a menor
altura, empuja a la persona hacia arriba, pudiendo golpearse contra
el techo del vehículo.
Esto es válido tanto para los conductores como para los
acompañantes, pero la situación es mucho más
grave cuando se trata de menores. Su estructura ósea simplemente
no es capaz de resistir el impacto de la bolsa, la cual puede
además asfixiar a un niño al abrirse de lleno en
su cara, que se encuentra a escasa altura. Por ello, en autos
con airbag los niños deben viajar siempre en el asiento
trasero, más aún si van en silla de seguridad.