Estudios médicos y aprensiones ecologistas intentan obstaculizar
el poder creciente de modelar lo ínfimo.
Richard García
Circuitos computacionales cien mil veces más pequeños
que un cabello humano, materiales ultrarresistentes, robots capaces
de viajar por la corriente sanguínea para combatir enfermedades
o llevar medicamentos, materiales inteligentes capaces de autorreplicarse.
Son las promesas de la nanotecnología (nano, del griego
nanos, pequeño), tecnología desarrollada a partir
de aparatos construidos a la escala molecular y de los virus (un
nanómetro es la millonésima de un milímetro).
Pero las nanopartículas podrían ser el próximo
campo de batalla de los ecologistas más extremos. Ello,
porque estos mínimos ladrillos de materia también
podrían provocar efectos insospechados en la salud.
Plaga gris
La semana pasada Nature Science Update (www.nature.
com/nsu), el portal de noticias de la revista Nature, adelantó
un estudio en ratas donde se indica que nanopartículas
de carbono de 35 nanómetros de diámetro todavía
permanecen en el bulbo olfatorio - área del cerebro vinculada
con el olfato- tras siete días de ser inhaladas.
Su autor, Günter Oberdörster, de la Universidad de
Rochester en Nueva York, y su equipo reconocen que es demasiado
pronto para estar alarmados porque todavía no sabemos qué
podrían hacerles las partículas a los humanos. No
deberíamos parar de trabajar con ellas, sólo observar
qué efectos adversos podrían generar, dijo Oberdörster
en The Guardian, que también cita la investigación.
Nunca habría pensado en buscar en el cerebro nanopartículas
inhaladas, dijo Ken Donaldson, toxicólogo de la Universidad
de Edinburgo, Reino Unido. Donaldson afirmó en octubre
que las nanopartículas de carbono, presentes en las emisiones
diésel, betunes, neumáticos y toners de fotocopiadoras
están vinculadas con daño pulmonar, tal como ocurre
con las fibras de asbesto.
No es todo; cree que el empleo de nanotecnología para
una amplia gama de productos, incluida pintura, bloqueadores solares,
alimentos, medicamentos y vestuario podría convertirse
en fuente de nuevas amenazas.
Este tipo de declaraciones tiene muy atentos a organismos como
Greenpeace, aunque todavía no han declarado una guerra
frontal a la nueva capacidad humana.
Sí lo hizo la organización canadiense ETC (Grupo
de Acción sobre Erosión, Tecnología y Concentración),
la cual llamó en julio de 2002 a prohibir la fabricación
comercial de nanoproductos hasta que exista suficiente investigación
que demuestre su seguridad.
Según ETC no existe un protocolo de laboratorio que asegure
la integridad de quienes trabajan con nanotecnología. Además,
temen la amenaza de la plaga gris (grey goo en inglés,
por robots nanométricos que se autorreproducen sin control
hasta destruir el planeta) y también el vínculo
de la nanotecnología con la biotecnología (combinar
las capacidades no biológicas de la materia inorgánica
con las capacidades del biomaterial).
Por los mismos días, Michael Crichton (el mismo de Parque
Jurásico) presentó su novela Pray en la que el enemigo
principal es la plaga gris. Tanto Pray como el manifiesto de ETC
llegaron al escritorio del príncipe Carlos de Inglaterra,
quien, sin mayor asesoría, expresó su preocupación
sobre la nanotecnología, recibiendo la crítica inmediata
de los científicos británicos y algunos políticos.
La réplica técnica llegó más tarde.
Un detallado estudio del Economic and Social Research Council
(ESRC) advierte que por muchos años hemos empleado materiales
naturales a nanoescala, como los de la leche, sin efectos negativos.
Pero hay aspectos pendientes. Las dudas sobre la fabricación
de nanotubos, dice, aún merecen mayor investigación.
Hay muchos recursos en juego como para pensar en moratorias.
Sólo en diciembre pasado el Presidente Bush firmó
una ley autorizando fondos por US$ 3 mil 700 millones para la
investigación y desarrollo de la nanotecnología.
Y se avanza todos los días. Esta semana Science destaca
que investigadores de la Northwestern University de EE.UU. lograron
por primera vez construir nanoestructuras curvas, abriendo camino
a diseños tridimensionales mucho más complejos.
¿Será el primer paso para el nanorrobot?
Lo mínimo ya está aquí
Los temores de los críticos tienen mucho de ficción,
como también las proyecciones demasiado optimistas de los
investigadores.
Los expertos reconocen que el desarrollo de la nanotecnología
dependerá de la habilidad para desarrollar estructuras
más pequeñas que 10 nanómetros y eso recién
se está consiguiendo.
Por ahora el camino toma la forma de nanopartículas de
óxido de zinc para pantallas solares (hacen transparente
la pasta blanca, ya que las partículas no reflejan la luz
visible). O en películas con placas de silicato para envasado
de alimentos que efectivamente aíslan de la humedad. O
en colorantes (nanoluminóforos) para identificar gérmenes
patógenos.
Más distantes aparecen las máquinas reparadoras
de células que podrían eliminar el envejecimiento
o sistemas capaces de revivir cerebros congelados.
Herramientas
La invención de los microscopios de barrido de efecto
túnel y de fuerza atómica no sólo permitieron
visualizar moléculas y átomos individuales. También
favoreció su manipulación, abriendo la puerta para
construir una estructura molecular átomo por átomo.