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CIENCIA Y TECNOLOGIA
EVOLUCIÓN:

¿CÓMO LOS SERES VIVOS GANAMOS LA CABEZA?
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Provendría de una red de células nerviosas para activar la alimentación en organismos primitivos.

Organismos tan básicos como las anémonas podrían darnos las claves del origen y la formación de la cabeza.
Foto:El Mercurio

 

YUDHIJIT BHATTACHARJEE

Hace más de tres mil millones de años, cuando la Tierra era todavía un globo solitario, sin habitantes, la vida hizo su primera aparición en el planeta en la forma de organismos unicelulares.

A partir de ellos, evolucionaron manifestaciones más complejas de vida: organismos multicelulares como algas que flotaban en los mares; luego criaturas de cuerpos suaves, con forma de gusanos, con una organización más elaborada de células, y finalmente, millones de años más tarde, animales como moscas y reptiles que tenían cabezas bien definidas.

Los científicos que estudian este árbol gigantesco y densamente ramificado de la evolución creen que la aparición de la cabeza fue un hito en la historia de la vida animal.

Marcó el inicio del comportamiento activo de depredación y alimentación, lo que desencadenó una carrera de sobrevivencia que aceleró el ritmo
evolutivo.

A través de estudios genéticos de algunas de las especies vivientes más antiguas del planeta, los científicos están ahora reconstruyendo esta cuenca evolutiva.

Sus descubrimientos indican que la primera cabeza apareció hace unos 700 millones de años en un organismo como la hidra, que puede haber sido un antepasado común de las especies desde caracoles hasta seres humanos.

La primera cabeza era simplemente una red de células nerviosas en la boca del organismo. Algunos científicos creen que era similar al grupo de nervios presentes en la abertura bucal de las cnidarios, una familia de criaturas acuáticas con púas. Incluye a la hidra, la anémona de mar y la medusa.

Los bañistas que han sufrido pinchaduras de la medusa apreciarán por qué las cnidarios tienen ese nombre, el cual se deriva de la palabra griega knidos que significa "ortiga punzante".

En la hidra y la medusa la boca está rodeada por un anillo de tentáculos que el animal utiliza para envenenar y entorpecer a su víctima. El grupo de nervios en esta región, señalan los científicos, podría ser la cabeza más primitiva dentro del reino animal.

En su búsqueda del origen de la cabeza, los científicos identificaron genes en corales, anémonas de mar e hidras, que son similares a los genes responsables del desarrollo de la cabeza de otros animales superiores como las moscas y los ratones.

El estudio de tales genes homólogos a través de las especies, los cuales tienen secuencias de proteínas que se corresponden estrechamente, es una técnica estándar utilizada por los científicos para averiguar el linaje de las características físicas y de comportamiento.

En los experimentos con hidras, la Dra. Brigitte Galliot y sus colegas de la Universidad de Ginebra estudiaron genes que eran similares a aquellos involucrados en el desarrollo de la cabeza en la mosca de la fruta. Recortaron la parte superior de una hidra y examinaron la expresión de proteínas específicas reguladas por estos genes mientras el organismo regeneraba su parte perdida.

Concluyeron que los genes estaban involucrados en formar la región superior de la hidra, lo que incluía la organización de células nerviosas.

Los científicos han informado de resultados similares para otras series de genes de hidra. Otros también han demostrado que los corales y las medusas tienen versiones básicas de genes con el patrón de la cabeza que están involucrados en el desarrollo de neuronas.

Estos descubrimientos indican que la cabeza en los animales superiores puede haber evolucionado desde una estructura como boca similar al cuerpo superior de los cnidarios. Una conclusión más amplia, de acuerdo a Galliot, es que el origen de la cabeza puede haber sido impulsado por la necesidad de una alimentación activa.

"Es como si lo importante en esa etapa de la evolución fuera organizar células en una forma que apoyara un comportamiento de alimentación activo y autónomo", explicó Galliot.

Ese objetivo se podría haber logrado si se tuviera una alta densidad de neuronas en torno a la boca. La densidad de las neuronas habría dado al organismo cierta habilidad de maniobra para atrapar el alimento flotando cerca.

El sistema nervioso puede haber evolucionado más para permitir una alimentación más activa. La necesidad de atrapar a la presa mediante el uso de movimientos controlados de los tentáculos, por ejemplo, puede haber estimulado la evolución de múltiples tipos de células y neuronas sensitivas.

Para un organismo decidido a encontrar alimento en forma más eficiente, tenía sentido desarrollar el sistema nervioso principalmente en un extremo del cuerpo, el cual más tarde evolucionó para convertirse en una cabeza, explicó el Dr. Luis Puelles, biólogo de la Universidad de Murcia, en España.

"Especialmente una vez que tenía un organismo nadando libremente con una vara de alimentación, era conveniente poner los mejores sensores y unidades de computación al frente del animal donde enfrentaría en forma más eficiente a la presa", señaló Puelles.

Carrera "armamentista"

Durante millones de años, los aparatos sensitivos y nerviosos del antepasado similar a la hidra se desarrollaron en un sistema nervioso central. Los científicos creen que este cerebro rudimentario era similar al del gusano actual. Marcó el siguiente paso en la evolución de la cabeza.

"Una centralización del sistema nervioso proporcionó muchas ventajas", aseguró el Dr. Ulrich Technau, científico de la Universidad de Darmstadt en Alemania.

"Proporcionó conexiones más cortas entre las neuronas, lo que permitió una reacción más rápida a cambios en el medio ambiente. Asimismo, fue posible tener un número más alto de conexiones entre las neuronas, lo cual permitió comportamientos más complejos".

A medida que el repertorio de comportamiento se expandía, los organismos desarrollaron órganos elaborados para la vista, el olfato y el gusto. "La alimentación activa también estimuló la evolución de las estructuras de la cabeza tales como las mandíbulas y las branquias", explicó el Dr. Volker Hartenstein, científico de la UCLA.

Mientras la naturaleza moldeaba la cabeza, ésta llegó a ser una fuerza impulsora en la evolución. Su sofisticación fue acompañada por un aumento en el comportamiento depredador, que condujo a una diversificación explosiva de especies.

"La depredación desencadenó una carrera armamentista evolutiva", indicó el Dr. Peter Holland, zoólogo de la Universidad de Oxford. "El juego fue así: 'Yo te comeré a ti, a menos que te defiendas o te alejes o te escondas. Pero si haces eso, entonces necesito ser incluso mejor para sentir, perseguir y atrapar' ", dijo.

Artículo aparecido en el diario El Mercurio.
 
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