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Aunque no lo crea,
hace 50 años las intervenciones quirúrgicas para corregir
malformaciones congénitas o dilatar válvulas del corazón
eran un poco salvajes.
Luego de la anestesia,
se introducía al paciente, habitualmente un niño,
en una tina de agua helada hasta alcanzar los 30 grados Celsius
bajo cero.
Enseguida, él
era rápidamente trasladado hasta la mesa de operaciones.
Una vez abierto el esternón, se tapaban con pinzas la aorta
y arteria pulmonar.
"Este procedimiento
intracardíaco en tales condiciones de hipotermia debía
efectuarse idealmente en menos de ocho minutos, a pesar de lo cual
la mortalidad superaba el 20%", señala Ricardo Zalaquette,
cardiocirujano del Hospital Clínico de la Universidad Católica.
"Pero desde que
se ideó la máquina corazón-pulmón, en
1953, este acertado invento tuvo impacto inmediato en el tratamiento
de las enfermedades cardiovasculares hasta la actualidad",
precisa.
Avances en serie
Dicha máquina
reemplaza las funciones del corazón y del pulmón de
un paciente, permitiendo la circulación extracorpórea.
Esta técnica
permite hoy la cirugía a corazón abierto para enmendar
malformaciones, cambiar o reparar válvulas, hacer bypass
de las arterias y, entre otros ejemplos, realizar trasplantes de
corazón.
Este gran paso tecnológico,
que se une al descubrimiento del ADN, fue dado por John Gibbon a
la edad de 28 años, médico de la Universidad Thomas
Jefferson, Filadelfia.
Fue la culminación
de 22 años de imaginativo y persistente trabajo de investigación
de este médico, el que sólo fue interrumpido durante
los años de la Segunda Guerra Mundial.
El 6 de mayo de 1953,
Gibbon logró con éxito operar a través de esta
máquina corazón-pulmón durante 26 minutos a
una joven llamada Cecilia Bavolek. La paciente fue salvada. Se pudo
obstruir el pasaje de comunicación que equívocamente
había entre las dos aurículas de su corazón.
Según explica
Ricardo Zalaquett, fueron dos avances más lo que facilitaron
a Gibbon coronar con triunfo esta primera cirugía a corazón
abierto con circulación extracorpórea.
Uno fue la síntesis
de la heparina, en 1936. Este anticoagulante intravenoso evita que
la sangre se coagule mientras circula por tubos y membranas artificiales.
"El otro avance
ocurrió durante unas vaciones de Gibbon, en 1946. En la ocasión,
conoció a Thomas Watson, presidente de la IBM que decidió
apoyarlo financieramente en su proyecto", indica el especialista.
Sin embargo, llegaron
meses de desencanto y desilusión, pues los siguientes pacientes
operados por Gibbon fallecieron.
Nexo fatal
Esta situación
perduró hasta 1954, fecha en que Walton Lillehei, de la Universidad
de Minnesota, hace osadas variaciones al procedimiento.
Esta nueva técnica,
conocida como "circulación cruzada controlada",
se ensayó en niños con malformaciones congénitas.
Las arterias y las venas del paciente se conectaban a los respectivos
vasos sanguíneos del padre o de la madre a través
de tubos
plásticos.
Por esta vía,
uno de los progenitores servía como "oxigenador y bomba"
del niño mientras se le detenían a él sus pulmones
y corazón.
Lillehei efectuó
27 operaciones exitosas de este tipo, consiguiendo revertir el pesimismo
en que había caído la cirugía a corazón
abierto.
"Empero, fue criticado
por algunos debido a que el riesgo de muerte potencial era del 200%",
narra el doctor Zalaquett.
Entretanto, la máquina
inventada por Gibbon fue perfeccionada por John Kirklin, de la Clínica
Mayo, quien también obtuvo ayuda de la IBM.
Curioso final
Fue así como,
a partir de mayo de 1955, dicha clínica inicia su programa
de cirugía a corazón abierto con el prototipo de la
máquina "Mayo-Gibbon-IBM", alcanzando prestigio
mundial.
Pero esa máquina
resultó ser muy costosa y demasiado compleja para su uso
general. Se adelantó entonces Walton Lillehei una vez más
con otra novedad.
"A pocos pasos
de la Clínica Mayo y siempre desde la Universidad de Minnesota,
este médico introdujo el oxigenador de burbujas de hélice,
desechable, sencillo y de bajo costo", destaca Zalaquett.
"Tal progreso
permitió a muchos equipos quirúrgicos del mundo embarcarse
en esta nueva aventura, pero de un modo preciso y seguro, lo que
antes era impensable", asevera el cardiocirujano.
Con esta historia,
la cirugía a corazón abierto se masificó hasta
el presente, con resultados positivos y conocidos por todos en las
más variadas operaciones de este incansable músculo
contráctil y sus rutas. Un cincuentenario que vale la pena
recordar y celebrar.
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