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Nada que hacer. Yo
tengo 62 años y nací en la época de las perillas
y las máquinas de escribir, reconoce el gerente de una importante
empresa, que prefiere mantener el anonimato porque dice que le da
vergüenza admitir su falta de habilidad con las tecnologías.
En el escritorio de
su oficina tiene instalado un computador de última generación.
Pero no me pregunte exactamente qué modelo, aclara. Cuando
necesita mandar correos electrónicos a varias personas o
reenviar o adjuntar documentos, dice que se tupe y a veces tiene
que pedirle ayuda a su secretaria. Una realidad nada de aislada
entre sus pares.
Algo parecido le pasa
a Manuel Montt, rector de la Universidad Diego Portales, y quien
declara coqueto que se le olvidó su edad. Pero a pesar del
olvido, acepta que nació en otra época y que si bien
se toma la tecnología con toda la seriedad que se merece,
le es más difícil adaptarse a los cambios que la gente
joven.
Cada generación
nace en un mundo determinado y yo no nací en la generación
del mail y de estos aparatos. Prefiero mil veces leer El Quijote
que sentarme frente a un computador. Y agrega: Antes yo tenía
una máquina de escribir Underwood y nunca se me echaba a
perder. Y ahora de repente el computador le entra un virus o se
pone mañoso.
Es que hay una generación
que no nació en la era digital y que en estos momentos están
liderando el país en altos cargos públicos y privados,
pero que sin embargo pelea a diario con los correos electrónicos,
los celulares, los contestadores telefónicos, los DVD y hasta
la televisión.
Un día la tele
no me quiso funcionar. Tenía un control remoto lleno de botones
y yo no sabía cuál apretar. Hasta que llegó
mi nieto de 5 años, me dijo tonto y apretó un botón
y la arregló. ¡Con una naturalidad impresionante! Lo
tienen verdaderamente incorporado, dice Manuel Montt.
Y en el trabajo la
cosa no es muy diferente. No es raro ver a importantes jefes en
jaque frente a un programa que no saben ejecutar o pidiendo auxilio
para que les vuelva a funcionar el PC.
Mi secretaria es una
súper especialista en el manejo de todos los aparatos. Yo
hago lo justo y necesario y lo otro lo derivo. En general estoy
muy bien asesorado y los vicerrectores y la gente más joven
me ayudan, porque esto es cada día más sofisticado,
dice el rector de la UDP.
La pregunta es a qué
se debe esto: ¿falta de pericia?, ¿excesiva confianza?,
¿o simplemente flojera?
Para Carmen Barros,
socióloga de la UC y especialista en temas de adulto mayor,
no se trata de incapacidad, sino más bien de un factor sociocultural
que estigmatiza a las personas mayores como incapaces. La gente
mayor tiene temor y por una cuestión social creen que nunca
van a aprender y se cierran. Al contrario de los jóvenes
que nacieron con esto, para los mayores aprender a manejar un computador
es una decisión muy racional, que implica un esfuerzo y dedicarle
mucho más tiempo; por lo tanto, se atemorizan.
En todo caso, recalca,
no hay nada que indique que alguien pasadito los 50 no pueda aprender.
Se demorarán más, obviamente, porque requiere un cambio
de estructura e incluso destrezas manuales a las que no están
acostumbrados, pero lo logran perfectamente si quieren; tiene que
ver con ganas y voluntad.
Jaime Aleé,
gerente general de NEC Chile, cree que esto tiene que ver con una
cultura empresarial, donde estos cambios no están incorporados
o no se quieren incorporar. Por ejemplo, el e-mail no es lo mismo
que la correspondencia, es mucho más directo y personal,
y seguramente por un aprendizaje generacional, muchas personas de
más edad no lo ven así.
Cuestión
de estatus
Para Aleé la
tecnología es parte de la rutina de una empresa y los ejecutivos
tienen que saber que parte de su trabajo es dedicar una hora en
el día a responder o simplemente borrar los correos electrónicos.
El punto es que esto implica hacerse cargo de un aprendizaje nuevo
y para algunos significa perder un cierto estatus o jerarquía
como jefe. Muchos altos ejecutivos mayores pueden creer que eso
no está a la altura de su cargo y para eso tienen una secretaria
que les haga esa tarea. Pero en países como Estados Unidos
eso sería impensable. Encargarse de su computador y de todo
lo que pasa ahí es tan personal como contestar el celular,
dice.
Él está
convencido de que no es un problema de edad, sino de ignorancia
y de tomarle el peso al asunto. Evidentemente hay algo generacional
en el uso de las tecnologías, pero yo creo que para la gente
mayor no es un problema de no poder aprender estos usos, sino más
bien de incorporarlo a la rutina de su trabajo y de tomarle el peso
al tema, aclara.
El que quiere, puede
Carmen Barros cree
que también hay algo de comodidad en todo esto. Hoy las secretarias
están desapareciendo con la llegada de los computadores y
los jóvenes están acostumbrados a eso, pero para alguien
que ha trabajado toda la vida así, es mucho más cómodo
que alguien te maneje todos estos aparatos. Pero de todas formas,
esta aparente arrogancia o flojera probablemente es una excusa para
esconder o no enfrentar el miedo que les provoca aprender algo desconocido.
Ella cree que también
tiene mucho que ver con la personalidad de cada adulto. Hay muchísima
gente de edad que es muy inquieta, que le interesa aprender y una
vez que lo hacen quedan fascinados, porque se les abre un mundo
nuevo que para ellos es casi milagroso.
Éste es el caso
de Hipólito Lagos (71), gerente general de la empresa de
servicios de comercio exterior Gobal Trade. Hace un par de años
se dio cuenta de que saber manejar las tecnologías era fundamental
para su compañía y también para su vida diaria.
Entusiasmado por uno de sus hijos ingenieros, decidió volver
a la universidad e inscribirse en un diplomado de internet en la
Diego Portales. Necesitaba entender una herramienta que está
a disposición de todo el mundo y que si uno no la maneja
está reconociendo su incapacidad de adecuarse a sus nuevos
tiempos.
Para él fue
todo un desafío volver a estudiar y compartir con compañeros
mucho más jóvenes, pero la experiencia fue positiva
e incluso implementó una serie de cambios en su empresa,
como software y transacciones por internet. Es cosa de vencer el
miedo y tirarse a la piscina. Hay un natural rechazo a lo nuevo,
que se va incrementando con los años. Uno siente que no va
ser capaz de entenderlo, pero después se da cuenta de que
es más fácil de lo que uno piensa y la satis-
facción es mayor.
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