La precisión femenina manda en los talleres de cableado
de Enaer. Sus especialistas intervienen desde los Pillán
hasta los Hércules.
Alejandra Bluth Solari
Cinco mujeres con overoles, maquillaje en los ojos y las uñas
pintadas, conectan miles de metros de cables y ensamblan piezas
en cajas de metal dentro de un frío taller.
Es su trabajo. Esos elementos se instalan en los aviones civiles
y militares que se mantienen, modernizan y reparan estructuralmente
en la Empresa Nacional de Aeronáutica (Enaer).
A los aparatos se les cambian componentes de sus sistemas eléctricos,
de computación, de mecánica y electrónicos,
como altímetros, pantallas, frenos o instrumentos de motor.
Cada modificación demanda de un recableado entre un punto
y otro, desde la nariz hasta la cola. Es como armar el sistema
nervioso fuera del cuerpo, para luego instalarlo en el organismo.
Las mujeres son más adecuadas para ese tipo de trabajo
porque es una labor acuciosa y de mucha paciencia y precisión,
que requiere una habilidad psicomotriz muy fina al ensamblar cerca
de mil cables y conectores por avión, explica Luis Filippi,
ejecutivo de Enaer.
Sergio Quiñones, psicólogo clínico, lo confirma.
Recalca que es, en parte, un asunto de complexión muscular:
Debido a su complexión física más fina, las
mujeres presentan más habilidad psicomotriz en actividades
que requieren de precisión y coordinación, como
enhebrar agujas. Los hombres, en cambio, son más ágiles
y precisos con la coordinación de la psicomotricidad gruesa,
debido a su mayor complexión muscular.
Reinas del taller
En la década del '80, 25 mujeres se apoderaron del taller
de cableado: había que modernizar el Pantera, avión
de combate que sufrió un completo cambio estructural para
mejorar aspectos como su radio de acción y capacidad de
giro.
Se usaron 18 mil metros de cables, y fue una modificación
total de gran complejidad debido a los sistemas de armamento que
incluye el aparato, como ubicación de misiles y sistemas
de visión y puntería, dice el supervisor del taller
de cableado, Dagoberto Silva. Paralelamente, se emprendió
la modificación completa del F5.
La labor fue tan bien hecha, que cinco cableadoras se quedaron
en el taller. Desde entonces, el trabajo se centra en aviones
como el Pillán, o esos grandes y pesados Hércules
C-130 grises, que utilizan las fuerzas aéreas. Actualmente,
se modernizan dos Hércules C 130 de la Fuerza Aérea
de Uruguay, y para ello se están armando casi 32 mil metros
de cables, prosigue Silva.
En largos tableros, las reinas del taller arman los mazos de
cablerías que van instalados en el avión. Los extienden,
tal cual irán en el aparato, y en cada uno realizan las
conexiones entre los pins o conectores: las terminaciones nerviosas.
Después los entregan al taller de montaje.
Isabel Torres, que trabaja allí hace 18 años dice
que es un trabajo muy preciso, donde no puede haber ningún
error ni cable o conector mal enchufado, y se requiere pericia
y mucha concentración.
Les gusta. Es un oficio entretenido y motivante, que no cambiaría
por nada, sostiene Bernarda Orellana, que lleva once años
en el taller.
La Biblia de estas mujeres son los manuales: Está todo
escrito e indicado paso por paso. No hay dónde improvisar
ni equivocarse; sólo hay que ser cuidadosa y fijarse bien,
asegura Isabel.