Son capaces de salvar vidas, pero también ponerlas en
peligro si no se usan bien.
Desde hace algunos años, muchos vehículos traen
algunos dispositivos de seguridad que permiten evitar un accidente
y otros que reducen las consecuencias si es que ocurre. Entre
estos últimos están las bolsas de aire o airbags.
El mecanismo consiste en un sensor de impacto ubicado en el frontis
de la carrocería. Al activarse, se infla una bolsa de doble
lámina de poliuretano reforzado, instalada en un módulo
especial al interior del volante.
Estudios internacionales demuestran que disminuyen a la cuarta
parte el riesgo de sufrir lesiones graves en choques frontales.
Sólo en Estados Unidos se salvan unas 1.800 vidas al año
gracias a su correcto uso. Siempre debe ser usado con el cinturón,
porque una bolsa de aire activada frente a una persona que no
lo lleva puesto puede ser más peligroso que no tenerla.
La fuerza y velocidad con que se infla pueden ocasionar serias
lesiones o incluso la muerte, ya que ante un impacto el cuerpo
se va bruscamente hacia adelante y rebota contra el dispositivo.
Empuja a la persona hacia arriba, pudiendo golpearse contra el
techo del auto.
Esto es válido tanto para los conductores como para los
acompañantes, pero es más grave cuando se trata
de niños porque su estructura osea no es capaz de resistir
el impacto y además, corre el riesgo de asfixiarse por
estar a menor altura. En autos con airbag los niños deben
viajar en el asiento trasero. Al proteger el cuerpo del golpe
contra el tablero o la columna de dirección, el air bag
evita las lesiones a cara, cuello, cerebro, hígado, riñones,
bazo. Revise anualmente el estado de los sensores de su airbag.