Parecida a la del loco, la concha del abalón está
usándose como modelo para generar nuevos materiales.
CHARLES PETIT
Cuando Kenneth Vecchio era un niño en 70, corriendo en
Long Island, no podía creer lo difícil que era romper
las conchas de los moluscos. "Se veían frágiles,
pero necesitaba un martillo para sacarles un pedazo", recuerda.
Hoy, como ingeniero aeroespacial y mecánico en la Universidad
de San Diego, en California, Vecchio aún admira las conchas.
Las utiliza como inspiración. Su meta es crear materiales
sintéticos de características similares a los que
la naturaleza ha fabricado desde que apareció la vida marina,
hace 600 millones de años.
El grupo de Vecchio ha recibido llamados de empresas aeronáuticas
y otras fascinadas por sus informes sobre un nuevo material, extraordinariamente
duro y resistente, cuyos ingredientes son aluminio y titanio.
Resistencia a prueba
Cuando este grupo concluya, conseguirá un material de
la rigidez del acero, pero con la mitad del peso. Es mucho más
duro que el ladrillo. Si se triza, la trizadura se bifurca en
cada vez menores trizaduras que se esparcen hasta desaparecer,
y sin romperse en pedazos.
Según Vecchio, el material no sólo es liviano,
sino que se comporta de modo espectacular en los tests de penetración
profunda, es decir, detiene balas. En el laboratorio, un cilindro
de tungsteno, disparado a 3.200 km/hr penetró sólo
hasta la mitad de una placa de 1,9 cm de espesor.
Parece también tener las cualidades aptas para una armadura
liviana y para aplicaciones aeroespaciales donde la reciedumbre,
el poco peso y la alta conductividad calórica son preciadas.
Vecchio es un devoto de la biomimética, o la imitación
de la vida, un movimiento creciente entre ingenieros. Las púas
de puerco espín o la aerodinámica de las moscas
los vuelven locos. Y las conchas. Cada una tiene cualidades que
los materiales artificiales aún no consiguen superar.
Vecchio le agradece al nácar del abalón la idea
de su material "laminado metálico-intermetálico".
El nácar, o madreperla, es esa estructura iridiscente que
sirve de grueso forro en las conchas de este gastrópodo.
Al microscopio, el nácar es sorprendentemente ordenado.
Sus capas complejas, desde el nivel más general al específico,
constituyen un diseño que los ingenieros llaman de estructura
jerárquica. Un corte microscópico lo hace ver como
una estructura de ladrillos, con azulejos planos, hexagonales
de un mineral de calcio cristalino, ordenados en capas perfectas.
Para pegarlos, el molusco secreta una especie de chicle flexible
rico en proteínas.
Cada estrato no es más grueso que el centésimo
de un cabello humano. Estas capas más livianas se organizan
en sí mismas en capas más y más gruesas separadas
por bandas de proteína. Las conchas son tan resistentes
que si un camión las pisa, difícilmente se rompen.
El arte de unir
Pero he aquí donde entra el genio de la arquitectura viviente.
"Si uno lo piensa, toda la concha del abalón es tan
sólo tiza", dice Vecchio.
En un 95% es carbonato de calcio, uno de los más abundantes
y más débiles minerales en todo el planeta. Es el
principal ingrediente de la piedra caliza. El componente orgánico
del nácar es igualmente frágil, pero multiplica
la fuerza de sus componentes docenas de veces.
El equipo de Vecchio creó el compuesto apilando en alternancia
capas de aluminio y titanio, presionándolas a 704º
Celsius. Los metales formaron una sustancia quebradiza, parecida
a una cerámica, el aluminato de titanio. Capas más
delgadas de titanio flexible van separándolas.
Bajo un microscopio, las capas se ven como las del nácar.
Es duro, y el dúctil titanio disipa las quebraduras como
la naturaleza.
Otra gente también trabaja en lo mismo. Un grupo de la
universidad de Michigan dirigido por el Dr. Nicholas Kotov, estudia
un proceso que moja paneles de vidrio en forma alternativa en
soluciones de greda y de moléculas orgánicas especializadas.
Resultado: una película de un compuesto nacarado. El equipo
supera incluso al nácar agregando quitosano, un extracto
de las conchas de langostas y jaibas. Kotov espera interesar a
fabricantes de aviones de guerra, porque el material es fuerte
y el radar no lo reconoce. "Es estupendo para las naves stealth",
dice.
En el país
Existen varias empresas que cultivan el abalón. Lo exportan
principalmente a Japón y China, donde es un alimento de
lujo (el kilo puede llegar a costar 50 dólares). En nuestro
país no es muy consumido por su alto costo. Cada abalón
vale $ 1.800 pesos, en contraste con el loco, que cuesta $ 900
pesos.
Entre las empresas productoras destacan Camanchaca, Cultivos
Marinos San Cristóbal y Vynicon en la Tercera Región;
Panamericana, Aquamont y CASA en la Cuarta Región; South
Pacific Avaloni y Marine Farms en la Quinta Región; Cultivos
Marinos Vilupulli y Pacific Star en Chiloé, y Patagonia,
Semillas Marinas, Gran Mar y Cultivos Marinos Pacífico
Austral en la Décima Región.
En Chile también se estudian las propiedades físicas
de la concha del abalón. José Luis Arias, investigador
principal del Centro para la Investigacion Interdisciplinaria
Avanzada en Ciencias de Materiales (CIMAT) analiza las materias
primas del abalón, el loco, la cholga y el picoroco para
desarrollar materiales laminados destinados a la fabricación
de implantes óseos que reemplacen a los de titanio.