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MARÍA
DE LA LUZ GALLEGUILLOS A.
Todos los días, Julio Peña acude
a su trabajo en dependencias de la Clínica Los Coihues, de
Estación Central. Su labor consiste en marcar paquetes de
insumos médicos que se usan en otros pacientes, que al igual
que él,, tienen algún tipo de discapacidad.
Julio sufrió un accidente automovilístico
hace unos años. Hasta entonces trabajaba en el área
de la construcción, pero ahora lo que lo mantiene activo
es este taller laboral, guiado por tecnólogas médicas,
que transforman una actividad terapéutica en algo productivo.
Lo suyo es pegar etiquetas con códigos de
barras, que indican el nombre del producto envasado. Como cualquier
trabajador, cumple ocho horas de labores, por las cuales obtiene
una remuneración acorde con sus capacidades. Ha sido una
buena experiencia, porque puedo utilizar mis manos y no estoy en
una cama. Así me siento útil. Cuando no hay nada que
hacer, me aburro y por eso pido que me den más, asegura Peña.
Esta iniciativa de la Clínica Los Coihues
busca complementar las terapias tradicionales (fonoaudiología,
kinesiología) que refuerzan la parte física, con la
asignación de labores adecuadas a sus capacidades. Así,
además de la autoestima, se mejoran condiciones como la motricidad
fina y la concentración.
Según explica la asistente social Marcia
Varas, para que este taller protegido funcione se firman convenios
con diferentes proveedores que encargan parte de su producción
a un grupo de 26 trabajadores que son pacientes de la clínica,
algunos internados y la mayoría ambulatorios. Muchos de ellos
son pensionados de alguna mutual, que reciben una atención
médica permanente a causa de sus secuelas.
Una de las funciones cumplidas es la selección
y empaque de palitos de madera para maquetas que les ordena la empresa
Artel.
Otra tarea es colocar las cintas repegables que
llevan los pañales de adultos, envasarlos y sellarlos en
paquetes, labor encargada por la empresa Projection, Anderson Consulting
Ltda. Su gerente general, Felipe Caballero, afirma que están
muy satisfechos con los resultados obtenidos, pues el rendimiento
y la calidad son los mismos que antes habían experimentado
con personas sanas.
Son muy eficientes y rápidos. A nosotros
nos conviene en términos de costos operativos, porque a su
vez la clínica nos compra el producto para su consumo interno.
Son personas responsables y están supervisadas muy de cerca,
asegura. Parte de lo que se produce lo distribuyen en supermercados
y otros centros médicos, con un ritmo de producción
promedio de 1.200 bolsas mensuales.
Lo que hace Julio Peña es encargado por
la misma clínica y lo que se busca es optimizar recursos
mediante el envasado de productos que se usan en curaciones y que
llegan a granel. El jefe de adquisiciones de la institución,
Héctor Correa, admite que al principio estaba un poco reacio
a aceptar la oferta de las tecnólogas médicas, pero
con el tiempo comprobó que una vez superados los errores
iniciales como en cualquier trabajo nuevo, el resultado ha sido
positivo.
Son más delicados, van al detalle y se preocupan
de que todo quede bien. Además, son responsables porque se
sienten comprometidos con el trabajo, afirma.
La clínica tiene un convenio alternativo,
como un trabajo protegido externo, pero también con fines
terapéuticos. Esta otra modalidad consiste en que algunos
de sus pacientes trabajan en otras empresas, para lo cual cuentan
con un monitor y la supervisión de una terapeuta ocupacional,
que los evalúa. Hasta ahora han ubicado a cuatro trabajadores
en la bodega central de Falabella, que colocan sensores para las
prendas de la tienda.
Cómo contactarlos
Cualquier empresa interesada en contratar los servicios
de este taller de la Clínica Los Coihues, puede llamar al
fono 465 7900. Como van a necesitar más mano de obra, su
intención es contactarse con los personas a cargo de los
programas de discapacidad de diferentes municipios cercanos, que
también los pueden llamar para ponerse de acuerdo.
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