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SEGURIDAD DE TRANSITO

 

¡El chofer se habría quedado dormido! Esta es la afirmación recurrente que nos quedó grabada tras la tragedia ocurrida en el puente Tinguiririca, uno de los más graves siniestros de tránsito ocurrido en nuestras carreteras en los últimos 30 años.

Este hecho, además de golpear fuertemente a decenas de familias chilenas -a quienes expresamos nuestras más sinceras condolencias- nos hace recordar de manera brutal el importantísimo rol que cumplen cotidianamente todos los usuarios del sistema de transporte terrestre, pero en especial el de los conductores de vehículos.

   
Según cifras internacionales más del 90% de los siniestros de tránsito tienen como causa el factor humano. Por cierto una de las variables significativas es el cansancio de los conductores, puesto que ello agudiza estados de desconcentración y por tanto los inhibe de actuar en forma óptima ante situaciones imprevistas.
 
Lo que debemos hacer entonces, para lograr que los usuarios del sistema de transporte terrestre realicen en forma apropiada dicha función, es seguir profundizando el trabajo en educación, poniendo especial énfasis en el autocuidado como premisa de vida. En consecuencia, actuar defensivamente es la estrategia que cada uno de los usuarios del sistema de transporte terrestre debe poner en práctica diariamente. Dicha acción provoca finalmente que la interacción, entre peatones, pasajeros y otros conductores de vehículos motorizados y no motorizados, sea realizada en forma armónica. No se justifica entonces, bajo ningún punto de vista, que un conductor argumente que el siniestro se produjo porque él no se imaginaba que otra persona haría una maniobra inesperada. Podemos establecer entonces que quién conduce a la defensiva debe esperar todo, imaginar todo, suponer todo. En definitiva, los accidentes no ocurren por accidente, mala suerte o imperativo del destino sino, por falla humana.
   

Evidentemente la legislación debe ir apoyando la seguridad de tránsito porque, por una parte, establece las normas bajo las cuales se debe regir cada uno de los conductores, como también el resto de la ciudadanía, y por otra, ésta promueve el imperativo moral de proteger la vida. En ese contexto, la explícita incorporación de criterios de seguridad de tránsito en la normativa se ha materializado, entre otras cosas, en la exigencia de sillas para niños, cinturón de seguridad para todos los ocupantes del vehículo, y elementos reflectantes y cascos en los ciclistas en zonas urbanas. Finalmente, todas estas medidas no sólo permiten que nuestras caminatas, nuestros desplazamientos en vehículos motorizados y no motorizados, sean realizados en forma más segura, sino también faciliten el desarrollo armónico de las actividades que como miembros de esta sociedad realizamos cotidianamente.

Emilio Oñate Vera
Secretario Ejecutivo
Comisión Nacional de Seguridad de Tránsito (CONASET)
Ministerio de Transportes y Telecomunicaciones

Fuente: Conaset
 
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