Opinión
Por Roberto González U.
Ingeniero en Prevención de Riesgos y Medio Ambiente.
Vivir en un edificio o condominio es una alternativa de vida
más segura contra robos, internación de extraños
y otras formas de delincuencia, comparado con residir en una vivienda
o casa común y corriente. No obstante, lo que se gana en
una área se pierde en otra, cuando se analiza la realidad
en toda su dimensión.
El riesgo que provoca la interdependencia de las unidades o departamentos
entre sí, al momento de sufrir uno de ellos un accidente
o siniestro, afecta también al conjunto en su integridad.
Esa paradoja o debilidad de las construcciones en altura es el
principal riesgo con el cual sus moradores deben convivir. Por
ello, la organización interna de las comunidades de los
edificios juega un papel fundamental para que este riesgo se minimice.
Las falencias en materia de seguridad de los edificios comienzan
ya en su proyecto, ya que no existe un organismo especializado
de fiscalización tanto de las empresas que ejecutan la
obra como de las autoridades que la aprueban. A esto se suma la
falta de conciencia de los moradores o su indiferencia al adquirir
o arrendar un departamento.
Como ejemplo se puede decir que de los 11 mil edificios que existen
en Santiago, menos del 15% cuenta con un plan de emergencia ante
siniestros. La mayoría de las comunidades no saben si su
red seca o húmeda funcionará al momento de requerirlas
y qué falencias son las que existen.
El diseño del edificio, su altura, su densidad de carga
combustible, la superficie construida, el número de moradores,
las instalaciones de gas y electricidad, el equipamiento de seguridad
y la organización de sus comunidades son variables que
determinan el grado de seguridad de un edificio.
Sabemos que los arquitectos, constructores e ingenieros civiles,
por formación, no son expertos en seguridad, por lo tanto,
es lógico que cumplan la ley hasta donde técnicamente
les sea posible o hasta donde la autoridad fiscalice. Prueba de
ello fueron los diseños y construcciones de los conductos
de evacuación de gases en los edificios, situación
que sólo se vino a descubrir después de que hizo
obligatoria su revisión.
Cabe entonces preguntarse: ¿cómo un usuario puede
evaluar si está comprando, arrendando o viviendo en un
departamento seguro? La respuesta la daremos la próxima
semana.