A pesar de que la ley entró en vigencia
hace un año y medio, muchos edificios no cumplen con la
norma.
VICTORIA DANILLA E.
Según una encuesta del Fondo Nacional de Discapacidad
(Fonadis), en Chile viven 2 millones 68 mil 72 personas con algún
grado de invalidez. Esto significa que, estadísticamente,
en uno de cada tres hogares hay una persona con alguna discapacidad.
El dato puede resultar discordante si se contrasta con el censo
de 2002, donde figuran 334 mil 377 discapacitados, pero éste
sólo consideró a personas con problemas graves.
Hace un año y medio venció el plazo que se había
establecido para que, obligatoriamente, edificios públicos
y privados -entre ellos, colegios, universidades, farmacias y
restaurantes-, habilitaran accesos para discapacitados. La radiografía
es la siguiente: casi un 70% de los edificios catastrados no tiene
ingreso adaptado para ellos, según informes de la División
de Desarrollo Urbano del Minvu.
Si se comparan con el año pasado, los porcentajes han
disminuido en casi tres puntos. Andrea Zondeck, secretaria ejecutiva
del Fonadis, explica que "hay un avance importante, y lo
mejor de todo es que se ha logrado crear una mayor conciencia".
Más aún cuando son los mismos usuarios quienes lo
manifiestan. "Una madre que tiene dos hijos discapacitados
me contó que ahora era un agrado transitar por algunas
calles y edificios de Santiago", revela Zondeck.
Sin embargo, hay quienes pensaron que la tarea era tan fácil
como hacer una simple rampa, sin ponerse en el lugar del discapacitado,
y por eso construyeron accesos casi imposibles y hasta peligrosos.
"Hay un largo camino que recorrer, añade, porque a
pesar de que habilitan pasos para minusválidos, a veces
son inútiles. Las rampas deben tener entre 8 y 12 grados
de inclinación, pero en algunos casos llegan hasta los
45. Si la idea es que los lisiados sean autosuficientes, ¿de
qué sirve esa modificación, si igual van a necesitar
la ayuda de otra persona para entrar a un edificio?".
Basta con pasearse por algunas comunas para darse cuenta de que
las rampas se convierten en verdaderas montañas rusas,
que en las plazas no hay juegos especiales, y un simple columpio
puede ser peligroso. Insólita es la respuesta que le dieron
a una madre en una municipalidad frente a su petición de
juegos para discapacitados: "Señora, en esta comuna
no tenemos lisiados".
Muchas veces los dueños de edificios hacen rampas con
inclinación adecuada, pero los minusválidos no pueden
girar o chocan con paredes. "Si la normativa existe, es para
cumplirla", afirma Zondeck.
Vivir inválido
Pero no todo es tan negro. Antonia (10 años) tiene una
displejia espástica, por lo que usa una silla de ruedas
para desplazarse. Ella está en 5º básico y
su madre cuenta que la han tratado muy bien. "Los profesores
tienen mucha paciencia y la integraron. La ubican en el primer
piso, para evitar problemas con las escaleras, y cuando debe transportarse
los auxiliares la acompañan". Fuera del colegio es
distinto. Cuando van a malls o restaurantes, es toda una odisea.
Si hay ascensores, son pequeños y generalmente están
muy alejados. De los baños, mejor ni hablar, porque en
algunos apenas cabe la silla y generalmente están al fondo
de un pasillo. Muy pocas calzadas tienen desnivel y en casi ningún
restaurante hay rampas.
La Ordenanza General de Urbanismo y Construcciones estipula que
en los cruces peatonales ubicados en las esquinas e intersecciones,
el desnivel de las aceras con las calzadas debe tener rampas antideslizantes,
las que no pueden exceder de 12 grados de pendiente. Las veredas
deben tener espacios para el desplazamiento de personas en sillas
de ruedas, con pavimento liso y sin baches.
Hace falta fiscalizar y no sólo en el sentido de que existan
accesos, sino también de que los que están construidos
sirvan de verdad a su propósito.
EN INTERNET
www.minvi.cl
www.fonadis.cl
www.ciudadaccesible.cl
Denuncias
Si alguna persona, sea discapacitada o no, encuentra algún
edificio público que no tenga acceso para lisiados, puede
hacer la denuncia en la Dirección de Obras de la municipalidad
para exigir el cumplimiento de la normativa.