Llega el invierno y más de un tercio de
los edificios construidos antes de 1999 sigue sin solucionar sus
problemas de instalaciones de gas. Una cifra rebelde que se niega
a bajar rápido. Es que hay muchos porfiados y poca plata.
FELIPE ÁLAMOS UNDURRAGA
Da tiritones. Los fríos números
muestran que en Chile todavía el 35,4% de los edificios
construidos antes de 1999 muestran el célebre sello rojo
en su entrada. Y que durante el último año se avanzó.
Pero poco. Hace doce meses la cifra llegaba a 38,2.
Claro que hay que ser justos: a comienzos de 2001 los sellos
rojos estaban en el 50,9% de los edificios. Y el número
de muertos anuales se ha reducido de 24 a 4 en cuatro años.
El problema, dicen los expertos, es que tras este rápido
descenso costará seguir mejorando. Porque ahora se viene
lo más duro: las comunidades menos permeables al cambio.
Esas que esperan una "especie de ley del mono" sobre
el tema, que dilatan las decisiones, ya sea por diferencias internas,
problemas económicos o pura dejación. O todas las
anteriores.
"Una buena cantidad de comunidades quedó a la espera
de algún proyecto que flexibilizara la norma, toda vez
que muchas de sus instalaciones no son excesivamente riesgosas,
pero no cumplen - por uno u otro motivo menor- con la norma. De
eso hay cientos de casos", afirma Juan Carlos Latorre Nagel,
presidente del Colegio de Gestión y Administración
Inmobiliaria de Chile.
En ellas, cuenta, uno que otro vecino resignado de a poco va
instalando un equipo seguro, medida que muy lentamente van copiando
los demás copropietarios. "Claro, al no verse en serio
riesgo, ellos dicen, ¿para qué apurar el cambio?"
En estas comunidades también suele pasar que por culpa
de unos pocos el edificio se ve forzado a portar el ignominioso
"sello rojo" como recibimiento para sus visitas. Porque
basta con que uno o dos vecinos se nieguen a colaborar, para que
todos se vean perjudicados. Y eso que hoy el administrador tiene
muchas más armas que antes para obligar a los copropietarios
a colaborar.
Los casos no son pocos. Asegura Latorre que "si bien las
nuevas construcciones se han encargado de cumplir con la nueva
norma, aún persisten en Chile miles de edificios antiguos
que no han concluido su proceso de cambio, así como muchos
otros que ni siquiera tienen idea de lo que deben hacer".
Increíble pero cierto.
El mismo Latorre cuenta que a fines del año pasado, con
ocasión de un evento organizado para administradores, la
casi mayoría de ellos reconoció que un porcentaje
menor de sus edificios aún estaba fuera de norma.
Porcentaje menor, pero importante al fin y al cabo. Claro, ya
no son el 50% del total, pero amenazan con quedarse.
Problema eterno
La abogada Andrea Duarte afirma que en muchas comunidades las
situaciones a veces se alargan por deficiencias en el actual sistema
de fiscalización.
"Porque ellas le plantean a la SEC un programa de reparación
de defectos que conlleva un tiempo muy largo de ejecución,
pues se debe pasar por la recopilación de presupuestos;
designación en asamblea del presupuesto más conveniente;
elaboración de un plan de trabajo y ejecución del
mismo, y trámites de regulación-acreditación
de solución de defectos ante la superintendencia. Y la
entidad sólo sanciona una vez que se vence el plazo programado
para realizar las reparaciones, que no son breves".
Opina que de estar vencido el plazo, la SEC podría ordenar
el corte del suministro de gas como medida de presión,
pero no lo hace por ser una medida impopular. "Considero
que falta más presión de la SEC hacia las comunidades".
Como lo hizo en una de las Torres de Carlos Antúnez. "Cortaron
el gas en todo el edificio. Eso obligó a la comunidad a
ponerse las pilas y hacer los arreglos necesarios. En cambio,
al edificio gemelo al nuestro no le cortaron el suministro y se
demoró el doble en hacer las transformaciones. Lograron
el sello verde mucho después. Y eso que son dos construcciones
idénticas", afirma Patricia Anderson, administradora
del edificio ubicado en Providencia 1765.
La SEC se defiende y dice que durante 2004 se formularon más
de 200 cargos en contra de aquellos administradores que llevaban
mucho tiempo sin presentar un plan para revertir el sello rojo.
Gracias a eso, asegura, "la tendencia decreciente de los
sellos rojos es cada vez mayor".
Que así sea.
LOS NÚMEROS
Las nuevas estadísticas de la SEC muestran que el 51,8%
de los edificios tienen sello verde; 35,4% sello rojo, y 12,7%,
amarillo.