Nacieron para la seguridad de los peatones, que
en ellos tienen la preferencia. Pero hoy son auténticas
trampas mortales.
Cuesta entender por qué una persona que camina sobre un
paso de cebra es una especie de luz roja con piernas. Y si más
encima ese conjunto de líneas fue instalado en un sitio
con poca visibilidad, está a medio pintar; cruza vías
de alta velocidad y tiene mala señalización, el
resultado puede ser fatal.
El tema bordea el caos. Un estudio realizado por el teniente
de Carabineros Cristián Ríos Cartes a comienzos
del milenio detectó que el 90% de los pasos peatonales
habían sido implementados a petición de la ciudadanía
y sin estudios técnicos. Y que tampoco existía normativa
al respecto.
Al menos este último aspecto cambió. En enero entró
en vigencia el Capítulo 6 del Manual de Señalización
de Tránsito (Facilidades Explícitas para Peatones
y Ciclistas), elaborado por el Ministerio de Transportes y Telecomunicaciones,
que fija criterios y normas sobre cómo debe ser un verdadero
paso de cebra, entre otros aspectos.
Una de las primeras cosas que hace este nuevo manual es aclarar
conceptos. Así, define el paso de cebra como una senda
demarcada en la calzada y en la cual los peatones tienen prioridad
permanente de paso respecto de los vehículos que se aproximan
a ella. Es decir, siempre que en él exista una persona
cruzando o dispuesta a cruzar (no es necesario que haya puesto
un pie en la calzada), los vehículos deben detenerse y
ceder el paso. De hecho, así lo consagra la Ley de Tránsito
en su artículo 167.
El problema, dicen los expertos, es que esta preferencia muchas
veces es mal entendida. "Muchos peatones bajan repentinamente
a la acera, cruzan la calzada corriendo o lo hacen fuera de la
zona demarcada. Por desgracia, esto ocurre con bastante frecuencia",
señala Freddy Ponce, director de la Comisión Nacional
de Seguridad de Tránsito (Conaset). Por algo los peatones
representan el 50% de las víctimas de accidentes de tránsito
en el país.
El funcionario aclara que la nueva normativa ayuda a minimizar
estos riesgos, pero que no los elimina. Por lo menos, dice, ella
estipula que ya no es cosa de llegar e instalar un paso de cebra,
sino que éste debe colocarse sólo en aquellos lugares
donde el grado de conflicto entre peatones y vehículos
lo tolere. Porque en los lugares de alto flujo, a veces no queda
otra cosa que poner semáforos.
Freddy Ponce defiende la existencia de los pasos de cebra y dice
que el problema de seguridad no se eliminaría prohibiéndolos.
"Es una solución adecuada para regular un volumen
de conflictos entre peatones y vehículos de magnitud media,
como ocurre generalmente en las vías locales. Pero éstos
no sirven para lugares como una autopista o la Alameda Bernardo
0'Higgins".
En ese sentido, la nueva normativa es un avance, pues dicta que
la instalación de un paso de cebra debe determinarse en
función de mediciones científicas de flujos peatonales
y vehiculares en el lugar donde se pretende instalar, lo que impide
que el tema sea dejado al mero arbitrio de la autoridad municipal.
Así, entre otros estudios, las direcciones del tránsito
deberían efectuar conteos en las cuatro horas de mayor
concentración de personas y automóviles. ¿Lo
harán?
Además, se ordena que la demarcación del paso de
cebra debe ser siempre visible, especialmente de noche. De este
modo, el nuevo manual señala que en aquellos lugares donde
la visibilidad se ve dificultada por factores como la lluvia y
la suciedad, el paso debe ser reforzado con balizas intermitentes.
Y si existe el peligro de que la gente cruce por otros lados,
deben colocarse vallas peatonales.
Pero entre los expertos existe escepticismo sobre la posibilidad
real de adecuar los cientos de pasos mal diseñados a la
nueva normativa, cuya fiscalización recae en la municipalidad,
que es juez y parte, y en la seremi de Transportes respectiva,
cuyos recursos son limitados.
El presidente del Colegio de Arquitectos, José Ramón
Ugarte, afirma que falta más coordinación entre
los actores que intervienen en el espacio público. "No
se saca nada con tener un paso de cebra bien hecho si no existe
educación vial; si las calles están en mal estado
y la gente debe caminar por la calle, o si las empresas de servicios
destrozan las obras ya realizadas". Así, dice, no
hay salud.
Los peligros que aparecen
Todo mal. La mayoría de los peatones y automovilistas
no conocen o no aplican las normas que regulan el tema de los
pasos de cebra. Además, éstos generalmente están
mal ubicados, diseñados y señalizados, lo que no
sólo produce riesgos de atropellos sino también
de choques, porque al verse el conductor obligado a frenar de
pronto, puede ser colisionado por atrás.
Otra situación muy usual se produce cuando un primer automovilista
frena para dar el paso a un peatón. Es común que
quienes vengan atrás no reduzcan su velocidad y se encuentren
de frente con la posible víctima. Ello es especialmente
común en los paraderos de micro.
Periodista: Felipe Álamos Undurraga