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Infracciones y conductas peligrosas que aún persisten

 

No respetar distancias entre vehículos, hablar por celular y actuar indebidamente como peatones son causa de gran número de accidentes.

MARCO DEVOTO

Las estadísticas revelan que las muertes por accidentes de tránsito en Chile han bajado a cifras que podrían ser elogiosas. En 2002, el total de fallecidos, según la Comisión Nacional de Seguridad de Tránsito (Conaset), fue de 1.549, la más baja desde 1990, cuando hubo 1.587, con 1998 como el año de más decesos por ese motivo en el período señalado, totalizando 1.959.

Lo anterior hace que la tasa de accidentes, fatales y no fatales, también haya disminuido en el mismo lapso, pese a que el parque automotor se ha duplicado, llegando a 2 millones 320 mil máquinas a 2003 (cifras preliminares), aunque el aumento de la población ha mantenido, con ciertas fluctuaciones, la cifra de muertes en accidentes de tránsito. Esto se puede atribuir a varias razones: mejor ingeniería de los vehículos; mayor fiscalización al respeto de las normas; restricciones de tránsito (lomos de toro y vías exclusivas); multas más duras; más exigencias a la hora de obtener licencia de conducir; mejoramiento de las vías y más conciencia de conductores y peatones.

Las infracciones consideradas gravísimas como causantes de choques, colisiones y atropellamientos (pasarse una luz roja, disco pare, manejar ebrio o drogado o a exceso de velocidad) están aceptablemente controladas por Carabineros y medianamente respetadas por los conductores, pero hay otras difíciles de controlar y que responden al apuro por llegar antes.

Los jueces de policía local coinciden en que la principal causa de colisiones es no respetar la distancia que se debe mantener con el vehículo que antecede. La Ley de Tránsito no señala cuál es esa distancia, ya que varía según la velocidad, por lo que conviene tener en cuenta ciertas reglas para determinarla uno mismo. Por ejemplo, en carreteras, si se viaja a 100 o más kilómetros por hora y se pueden leer las letras y números del vehículo que va adelante, se está generando un grave peligro. Otra es la de los dos segundos (algunos aconsejan tres), tiempo necesario para reaccionar ante una frenada brusca del que va adelante: para saber si la distancia es aceptable, se mira al otro vehículo cuando pasa junto a un detalle importante al lado de la via (árbol o señal) y se cuentan los segundos (ciento veintiuno, ciento veintidós..., etc.) hasta que nosotros llegamos a dicho detalle. Si llegamos antes de terminar de contar, hay peligro. No es necesario hacerlo todo el tiempo, sino hasta acostumbrarse a respetar las distancias.

Celulares riesgosos

Otra causa creciente es originada por el celular. Carabineros comprobó que durante el primer semestre de este año al menos en el 20% de los accidentes uno de los conductores implicados estaba hablando por celular. La policía uniformada considera que si esta infracción aumentara a grave o gravísima (la multa hoy es de sólo $7.600), el porcentaje de accidentes por esta causa bajaría ostensiblemente.

Desde otra perspectiva, tras un gran número de violaciones a la Ley de Tránsito se esconde el apuro por llegar antes. Experimentos realizados en otros países han demostrado que en zonas urbanas un conductor apurado, respetando todas las normas y señales (velocidad, semáforos, prioridades de peatones y otros vehículos), no gana más de un 6% de tiempo respecto a quien lo hace con calma. El mismo experimento, pero saltándose las normas, es imposible. El tiempo ahorrado puede ser considerable, aunque el peligro de no llegar a destino aumenta de forma geométrica.

Educación de peatones

Si bien muchos transeúntes son atropellados por conductores imprudentes, también existen aquellos que causan su propia desgracia, sea por apuro o simple ignorancia de las normas. En todo caso, ambas situaciones hacen que ellos sean más de la mitad de los muertos y lesionados. Para bajar las cifras, se ha intentado en varias oportunidades multar, aunque de manera más bien simbólica, a quienes cometieran infracciones a la Ley de Tránsito, pero como persisten las conductas desaprensivas, la Conaset y Carabineros prefieren enfocarse más en campañas de cultura en este campo.

Entre otras conductas poco sancionadas, pero altamente peligrosas y difíciles de fiscalizar, se cuentan manejar estresado o con sueño, bajo los efectos de drogas autorizadas, confiarse como peatón que en zonas mal iluminadas uno igual será visto anticipadamente por los conductores y guiar un vehículo en mal estado, con focos descalibrados, neumáticos gastados y frenos inseguros.

Muchos ciclistas y motociclistas ocupan también lugares tristemente destacados, unos por exceso de confianza y distracción y otros por temeridad y demasiada audacia.

Para llegar enteros

Como conductores, hay que anticiparse a los hechos. En horas peak es imposible evitar los atochamientos, por lo tanto hay que considerar el tiempo máximo previsto para llegar.

Aceptar las frustraciones que generan tacos y semáforos en rojo y negarse a copiar actitudes histéricas de otros, como tocar la bocina, ocupar una zona de cruce bloqueando el paso o salirse de la pista de modo sorpresivo.

Aparte de acatar las normas, ser indulgente con los errores o solicitudes de otros e ignorar provocaciones. Esto alivia la tensión. Y si se está nervioso o estresado, es mejor no manejar.

Como peatón, se recomienda no cruzar en lugares prohibidos o en diagonal, pasar por delante de un vehículo detenido habiendo tránsito libre, evitar el alcohol y no cruzar una calle sorpresivamente o corriendo y caminar demasiado cerca de la calzada.

Fuente: El Mercurio

 
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