."Manos
de Tijera" Así llamaban a Nelson Pizarro en Andina,
a comienzos de los 90, por su estilo de gestión. Ahora habrá
que ver cómo dirige Codelco Norte, el proyecto estrella de
Villarzú. Foto:El Mercurio
Luz María Astorga
Lo que va a suceder en Codelco a partir del próximo
17 de febrero hará historia: Nelson Pizarro Contador, 62,
illapelino, ingeniero de minas, asume como autoridad máxima
de Codelco Norte, la suma de Chuquicamata y Radomiro Tomic, de
donde se espera sacar el 70% de la producción de toda la
minera estatal.
Dicho de otra forma, la división es una
de las más grandes unidades económicas del mundo,
que producirá sobre 900 mil toneladas de cobre al año.
Con Codelco Norte, hay que recordarlo, la administración
de Juan Villarzú pretende duplicar el valor de la corporación.
Menuda tarea.
Y para acometerla, nada mejor que un hombre menudo,
que habla bajito, que cultiva el "low profile" y que,
sin embargo, ha cambiado el curso en varias mineras, desde La
Disputada, en manos de la Exxon, pasando por las divisiones Andina
y Chuquicamata de Codelco y rematando en Los Pelambres, el proyecto
de Antofagasta Minerals - Grupo Luksic más socios japoneses-
, en donde participó desde el comienzo. Ahí era
vicepresidente de Operaciones y, al cabo de un año, pudo
demostrar que se cumplían exitosamente tres parámetros:
haberse construido en menos del tiempo programado, haberse ajustado
al presupuesto y lograr la capacidad de diseño antes de
lo esperado. Eso, sin contar que producir cobre le costaba 36
centavos de dólar la tonelada, es decir 6 centavos menos
de lo que le cuesta a las empresas ubicadas en el primer cuartil
de producción.
A Codelco Norte también llega como vicepresidente,
un cargo nuevo que permitirá, además, pagarle un
sueldo acorde a la tarea y dar una clara idea del peso que tendrá
en el mundo del cobre. Los entendidos lo saben de sobra. Pizarro
ya era considerado "el segundo hombre" de Codelco en
1997 cuando dejó la gerencia general de Chuqui para irse
al mundo privado y, de hecho, al comunicar la noticia, el entonces
presidente de la corporación, Marcos Lima, sintió
que eso "cambiaba todas las cosas".
Será cierto eso de que nadie es irreemplazable,
pero con Pizarro no parece tan claro... De hecho, muchos ven en
su llegada la forma que tendría Juan Villarzú de
mejorar los resultados después de tres años de gestión,
cuando el precio internacional ha ido en picada y los excedentes
en tobogán.
Por estos días, según informó
la casa matriz de la corporación y la división Norte,
el ejecutivo se encontraba fuera de Chile e "inubicable".
Por estos días, también, varios asesores y dirigentes
apuraban sus vacaciones para estar presentes y atentos el lunes
17. Bismark Robles constituye un buen ejemplo. El que ahora es
director de Codelco y dirigente del Sindicato Nº 2, fue dirigente
zonal cuando Pizarro era la máxima autoridad en Chuqui,
vuelve mañana y se prepara para el aterrizaje.
"La empresa hoy es distinta a la que dejó
Pizarro", advierte de entrada, agregando "y él
no tiene un cheque en blanco de parte de los sindicatos".
Reconociendo que el ejecutivo se entendió
bien con los trabajadores nortinos entre los años 94 y
97, Robles advierte que ahora "él tendrá que
enmarcarse dentro del acuerdo de proyecto común de empresa,
que firmamos el año 2001 y que avaló el Presidente
Lagos". Se trata de un plan que busca alcanzar para el 2006
una producción de 2,1 millones de toneladas, con excedentes
por unos mil 700 millones de dólares; es decir, más
de cuatro veces lo obtenido en el 2002.
¿Qué significan sus palabras?
Simple: que entre los trabajadores, al menos,
hay cierto temor. Ellos han sumado los comentarios públicos
de algunos, sobre la poca eficiencia de la corporación,
sobre el cómo han disminuido sus resultados a lo largo
de estos tres años bajo la conducción de Villarzú,
y sospechan que detrás de todo exista un afán privatizador.
"Aquí el cambio se hará con
los trabajadores, no contra los trabajadores", dice Robles,
casi sin que uno se lo pregunte, evidenciando el miedo vivo.
¿Qué hay detrás?
El estilo Pizarro, su genio y figura.
Shock en Chuqui
Basta mirar la historia. Pizarro - quien se define
como un tecnócrata, hombre de cerros, sin roce social y
con una buena dosis de timidez- llegó a Chuquicamata desde
Andina, a poco de asumir Juan Villarzú la vicepresidencia
de la Corporación. Así lo contó en entrevista
con "La Segunda", años después:
"En marzo me llamó y me dijo: 'No
lo conozco, pero sé lo que ha hecho y quiero ofrecerle
Chuqui'. Acepté con hartas dudas, pero me fui. Bajé
del avión más asustado que un conejo y al día
siguiente, a las 12, me mandé un discurso".
Simplemente dijo:
"Señores, están todos cortados.
En el menor tiempo posible reconfirmaré a los que me sirven".
Agregó:
"Yo no quiero volumen, sino selectividad",
anticipando que cambiaría la forma de trabajo, porque quería
maximizar el valor presente del yacimiento.
Difícilmente podrían entenderlo.
En el yacimiento había nueve mil 500 trabajadores y al
cabo de un año, mil 500 habían decidido partir.
Tres años después, la dotación era de siete
mil 700. Así lo recordaba Pizarro:
"Se fueron de puro asustados; si hasta partió
el Nº 2, el subgerente. Y los trabajadores se sorprendieron
de ver que 'viejos robles', que representaban el antiguo 'management',
muy vertical, jerárquico y paternalista, preferían
jubilarse anticipadamente".
No en vano en Andina lo llamaban "Manos
de Tijera". Ahí había llegado el año
90, encontrando una "faena comprometida en términos
de costos, con embalses agotados, y un magnífico yacimiento
que se compartía 'fifty-fifty' con Los Bronces".
En año y medio, redujo la dotación
en 30% y chocó con lo que llama "la cultura de campamento".
En entrevista contaría años más tarde:
"Era una cultura formal y paternalista y...
me duele decirlo, con muy poco sentido de la realidad: suponían
que era un negocio floreciente y no lo era". Y como está
convencido de que Codelco no tiene más obligación
que ser competente y pagar sueldos de mercado, cerró el
cine, cerró el hospital y construyó una clínica
en Los Andes, terminó con los comedores separados para
trabajadores y supervisores...
Al final, claro, las curvas ascendentes de producción
y las descendentes de costos, avalan toda su gestión y
le dan ánimos para seguir adelante.
Pizarro no es hombre al que le guste el trabajo
hecho. Llegó a La Disputada después de años
en Lota Schwager, cuando la mina era de Enami. "Eramos súper
pobres, hacíamos cosas increíbles. Me marcó
ver el cariño y el vínculo de los profesionales
con la empresa...", recordaría.
Muy pronto, a los 37 años, cuando Exxon
compró La Disputada (1978), se transformó en figura
clave para los nuevos dueños: hubo una avalancha y él
tuvo que reconstruir. Luego, tomó la tarea de expandir
la mina. Ha reconocido que ésa fue su escuela. Ahí
conoció la "minería dura". Según
él, el "hombre de Exxon es reconocible en cualquier
lado, especialmente por la ética y por su preocupación
por evitar los conflictos de interés".
Entonces, ¿su escuela es simplemente
la escuela norteamericana?
Frente a eso sólo ha comentado que de
la experiencia con Exxon, aprendió "el respeto por
el dueño. Él pone sus chauchas en las manos de uno
a cambio de rentabilidad y prefiere la gestión de uno y
no otra. Eso obliga a ver el negocio con el ojo del dueño,
a cuidar los recursos, maximizar la gestión y al profesionalismo
completo".
Ese fue el cambio que ha provocado también
en Codelco.
Y él que se espera aplique ahora en la
división Norte.
¿Diferencias entre el trabajo en la corporación
estatal y la empresa privada?
Así la resumió cuando estaba en
Pelambres:
"La flexibilidad. Por ejemplo, aquí
estamos avanzando hacia el 'outsourcing' de toda la mantención
de los equipos mineros y de la mayor parte de las instalaciones.
De hecho, externalizamos incluso la mantención de la mayor
innovación tecnológica introducida por la mina:
el sistema de carguío de mineral entre la mina y la planta".
"Aquí no hay Mesías"
Hace años lo acusaban de privatizador,
aunque siguiera siendo estatal. Ahora se le teme como "privatizador",
según reconoció Bismark Robles, quien, sin embargo,
no desconoce la capacidad técnica y el profesionalismo
de Pizarro. Eso no lo pone en duda nadie, asegura también
el ex presidente de la empresa, Marcos Lima. Entonces, ¿qué
se puede esperar de él ahora?
"Eficacia, eficiencia, control de los problemas
sindicales, capacidad", sostiene Lima.
"En Pelambres lo hizo bastante bien, pero
ahora no tengo expectativas, porque aunque nadie duda de su capacidad
técnica, en Codelco no basta eso. El cambio se hará
con los trabajadores y hay que ver ahora cómo él
se va a entender con la gente. Esta es otra empresa, estamos en
una etapa crucial y esto de convertirnos en el distrito más
grande del cobre, significa también mejorar la calidad
de vida... Pizarro debe entender que en lo sindical, no existe
cheque en blanco. Y en la empresa, no hay Mesías",
opina Robles.
Palabra de minero.