PABLO OBREGÓN CASTRO
La pérdida del trabajo es el golpe emocional
más duro que puede sufrir una persona, después de
la muerte de un hijo, la ruptura conyugal y el incendio de la
casa. Más duro seguramente en el caso de un ejecutivo senior,
que entregó varias décadas de su vida a la misma
empresa, cuya posición social está indivisiblemente
vinculada con el prestigio de la organización que representa
y, lo más grave, con posibilidades cada vez menores de
encontrar un empleo parecido al que tenía.
Un estudio de la consultora DBM revela que los
trabajadores mayores de 50 años se demoran en promedio
un mes más en recolocarse que sus pares más jóvenes
y casi el doble para identificar un nuevo rol profesional. Un
mes no es mucho, pero lo grave es que a medida que va pasando
el tiempo, sus posibilidades se reducen drásticamente.
Tanto así, que los ejecutivos seniors que finalmente logran
reubicarse en un trabajo de tiempo completo no superan el 31%.
A todas luces, pasó el tiempo en que el
conocimiento estaba estrechamente vinculado con la experiencia,
para pesar de los que ya superan los 50 y sufren la desgracia
del despido.
Tal como lo advierte el director de Líbano
y Asociados, Oscar Líbano, una parte importante de las
empresas locales todavía está optando por una mezcla
entre profesionales que aporten experiencia y otros que lleguen
con ideas frescas. Sin embargo, también es una realidad
objetiva que cada vez más organizaciones tienen una política
de recambio activa, que se materializa en incentivos para que
los empleados más antiguos se vayan y dejen el camino despejado
a los nuevos talentos y a las ideas frescas.
Pese a esta realidad y sin afán de rendir
culto a los años de circo, hay una serie de expertos laborales
que preferirían reflotar las ventajas del ejecutivo senior.
Tal como advierte la gerente de OCT Right, Elizabeth Insua, estos
últimos no sólo presentan la experiencia que dan
los años de trabajo, sino que además, sus ambiciones
económicas son menores, lo que en el actual escenario resulta
un dato no menor.
Las ventajas financieras
Pero ¿por qué un ejecutivo top
estaría dispuesto a moderar sus expectativas económicas
con tal de conseguir un nuevo empleo? A medida que los profesionales
avanzan en edad, van cambiando paulatinamente su concepto de éxito.
Según el gerente de DBM, Tomás Silva, un buen ejemplo
de ello es que durante las entrevistas de trabajo la mayoría
de los aspirantes jóvenes preguntan primero cuánto
van a ganar y, segundo, qué cargo va a aparecer impreso
en la tarjeta de presentación.
Lo primero, porque entre los 30 y 45 años
de edad la mayoría de los profesionales está recién
forjando la situación económica que los va a acompañar
por el resto de su vida (adquisición de una vivienda, educación
de los hijos, etc), y lo segundo, porque aún no tienen
un nombre que exhibir en el mercado laboral.
Distinta es la situación del senior. Su
prestigio profesional ya no está determinado por la empresa
que representa o por el dorado de su tarjeta de presentación.
En una sociedad pequeña como la santiaguina, el calibre
de un profesional exitoso, con veinte o treinta años de
carrera, está dado por el peso de su propio nombre. De
ahí que muchos de ellos se transformen en asesores externos
al poco tiempo de ser despedidos.
En un plano más terrenal, el potencial
costo indemnizatorio de ellos también resulta muy conveniente
en caso de despido. Si usted contrata un ejecutivo joven, con
condiciones aparentes para proyectarse dentro de la organización,
tendrá que asumir los costos de varios años de formación.
Y si la apuesta no resulta, tendrá que responder no sólo
por esos gastos, sino también tendrá que responder
por los costos que involucra el despido.
En el caso de un senior, no corre ninguno de
esos riesgos. Como no existe mejor predictor del desempeño
futuro que el pasado, usted estará apostando sobre seguro;
los costos de capacitación serán mínimos
y, si la persona no responde, los costos de desvincularlo serán
menores.
Además, tampoco estará forzado
a contratarlo. Tal como advierte la directora de People &
Partners, Janet Sprohnle, la mayoría de estos ejecutivos
ya no busca reinsertarse como un asalariado de tiempo completo,
sino que prefiere disponer de su propio tiempo, asumiendo tareas
de asesoría externa o trabajos part time.
El precio de la experiencia
Lo cierto es que las ventajas no pasan sólo
por una cuestión económica. Tal como lo advierte
el sicólogo y director de Enhancing People, Claudio Ibáñez,
hay etapas y funciones en que sólo la experiencia da el
know how suficente para desempeñarse con éxito.
Por ejemplo, en las posiciones iniciales, lo
que garantiza el éxito en el desempeño profesional
son los conocimientos y habilidades técnicas; en posiciones
medias, lo que se requiere son hablidades gerenciales, de planificación
y control; finalmente, la variable que resulta crítica
en la cima son las habilidades de inteligencia emocional. En este
punto, surge una pregunta clave: ¿la inteligencia emocional
y la capacidad de liderazgo están vinculadas a una variable
sólo cronológica?
Según un estudio del Centro para el Liderazgo
Creativo (1989) de los profesores Lombardo y Eichinger, cuando
estas habilidades no se desarrollan en la academia - tal como
ocurre en Chile, donde las mallas curriculares apuntan sólo
al desarrollo de habilidades gerenciales- sólo se aprenden
con la experiencia.
En esta línea, si lo que usted busca es
un estadista, más vale que siga buscando entre los que
rindieron por años su prueba de calidad.
DESTACADOS
REINSERCIÓN:
Los ejecutivos mayores de 50 años se demoran,
en promedio, un mes más que sus colegas más jóvenes
en recolocarse en el mercado y casi el doble en identificar un
nuevo rol profesional. Sólo el 31% logra reubicarse en
un trabajo de tiempo completo.