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En enero de este año,
Ernesto Araya disfrutaba de un delicioso chocolate cuando algo se
le atoró en la garganta hasta que logró expulsarlo
tras una serie de maniobras de primeros auxilios. Fue entonces cuando
se percató que lo que parecía ser una apetitosa almendra
era en realidad un pedazo de plástico duro, del tamaño
de una moneda de $100.
No son casos aislados. Sobran ejemplos de personas
que descubren elementos extraños en los alimentos, unos más
peligrosos y desagradables que otros.
En la Región Metropolitana es el Sesma el
encargado de investigar estos hechos y recibe unas 600 denuncias
al año. En provincias, los servicios de Salud locales. De
acuerdo con el reglamento sanitario, un comestible no puede tener
nada diferente a su composición normal, de lo contrario,
el fabricante es sancionado con multas que van de 1 a 100 UTM ($29.243
a $2.924.300).
Difícil comprobación
Carlos Cerpa, subjefe del Departamento de Calidad
de los Alimentos de este organismo, explica que tras un reclamo
la muestra contaminada es analizada en un laboratorio para corroborar
la presencia del cuerpo extraño. Así han recibido
todo tipo de especímenes que harían perder el apetito
a cualquiera: arroz con insectos; gusanos vivos en patas de pollo;
mosca en postre de leche; hamburguesas con uña de animal
no identificado; chocolate con larvas vivas de polillas; fecas de
ratón en pan y cereales; pedazos de carne con huevos de insecto
en la superficie; bebida con una babosa flotando dentro de la botella;
trozos de vidrio en sandwichs; chilenito relleno con una barata...
y un largo etcétera.
Cerpa aclara que en muchos de estos incidentes,
especialmente los relacionados con gusanos y hongos, la responsabilidad
recae en los consumidores que dejan los alimentos sin refrigerar,
por lo que no se puede culpar a las empresas.
De comprobarse irregularidades en la fabricación
del producto, el Sesma inicia un sumario sanitario y envía
a un inspector a revisar el proceso de producción para determinar
cómo pudo producirse la contaminación. Por ejemplo,
el año pasado se investigó una denuncia por una cecina
que tenía una tuerca, pero se determinó que antes
del envasado la pasta pasa por una rejilla en la que es imposible
que se cuele un objeto metálico.
Un producto, una vez abierto, no tiene validez
legal como prueba, ya que difícilmente se podría demostrar
su contaminación, ya que siempre existe la posibilidad de
adulteraciones intencionales con el fin de obtener indemnizaciones
por parte del fabricante. Por eso, éstos son cautos al enfrentar
el tema y analizan caso a caso, generalmente reuniéndose
con el afectado para indagar la veracidad de las acusaciones. Aunque
en la mayoría de los casos prefieren esperar las resoluciones
del Sesma antes de tomar medidas.
El problema está en aquellos productos envasados
de tal manera que es imposible percatarse del elemento extraño
antes de abrirlo. Sergio Bijman lo sabe desde que compró
una bolsa de maní salado de una conocida marca y encontró
dentro una tuerca que pudo romperle un diente. Al hacer el reclamo
tanto a la empresa como al Sesma, se le dijo que era imposible probar
la acusación, por lo que ni siquiera se analizó su
caso.
Natalia Lastra tuvo más suerte. En febrero
de 2002 estaba lista para disfrutar de un popular bizcocho cuando
al partirlo se dio cuenta de que venía relleno con una poco
apetitosa mosca. Tras su denuncia, consiguió que el Servicio
sumariara a los productores.
Cerpa asegura que en la mitad de los reclamos se
comprueba responsabilidad del fabricante. Sin embargo, el Sesma
sólo actúa fiscalizando a la firma y no auspicia compensaciones
monetarias para el afectado. Quien pretenda entablar una demanda
por daños, debe hacerlo a través de un tribunal.
Casos en tribunales
Así lo hizo Corina Torres, que llegó
hasta el Juzgado de Policía Local de Pudahuel, donde aún
se investiga de dónde salió el ratón que le
provocó el ataque de vómitos que la llevó al
hospital. Ernesto Araya también estudia iniciar acciones
legales contra los fabricantes del chocolate con el trozo de plástico
que casi lo asfixió. ¿Qué pasaría si
hubiera ido a parar a la boca de un niño pequeño?,
pregunta.
También existen antecedentes de hechos premeditados,
como lo que ocurrió en 2001, cuando un trabajador de la empresa
Ambrosoli intencionalmente contaminó con virutilla una partida
de 30 mil kilos de chocolate, que felizmente no alcanzaron a llegar
al mercado.
Dónde acudir
Si se encuentra un elemento extraño en un
alimento, se debe ir lo antes posible a las oficinas del Sesma,
Bulnes 194, o llamar al 399 24 00 para más información.
En provincias, al servicio de Salud local. Se recomienda llevar
la comida contaminada lo menos alterada posible. Si se quiere entablar
una demanda por daños, se debe hacer la denuncia al Juzgado
de Policía Local o Civil correspondiente.
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