Malaria, cólera, dengue
o tuberculosis podrían dejar de ser ajenas para el empleado
chileno. La necesidad de viajar a distintos puntos del planeta como
parte de las labores propias del trabajo de algunos, más
la caída de las fronteras para la mano de obra extranjera,
terminan por globalizar las enfermedades que afectan a la población
laboralmente activa.
Tanto así, que los infectólogos
de las principales mutuales del país están convencidos
que hoy más que nunca hay que mantener la guardia en alto
para rechazar los ataques infectocontagiosos que, inevitablemente,
acecharán a los trabajadores chilenos en la medida que se
profundice el libre movimiento de la mano de obra por el mundo.
Tal como explica el médico
infectólogo de la Asociación Chilena de Seguridad
(ACHS), Guillermo Acuña, la creciente inmigración
de trabajadores provenientes de países con alta incidencia
de enfermedades que acá tienen poca presencia, más
las patologías que acechan al trabajador viajero, presentan
una amenaza que hay que tener presente.
Personas en riesgo
Si bien se asume que los adultos
constituyen un grupo menos riesgoso que los niños y que,
por tanto, las empresas no debieran ser per sé sitios propicios
para el brote de enfermedades contagiosas, cuando no se dan las
condiciones sanitarias mínimas en el lugar de trabajo pueden
presentarse algunos problemas.
Según Acuña, la triada
de acciones que constituyen la base de la prevención es bien
simple: limpieza personal, limpieza de aguas y, en algunos casos,
vacunación.
Desde un punto de vista laboral,
las personas en mayor riesgo son las del área salud (por
el peligro de pinchazos y cortes con material infectado), los trabajadores
que viajan a lugares con alta incidencia de enfermedades que acá
están virtualmente erradicadas y los trabajadores que deben
manipular alimentos (casinos).
La enfermedad de moda
Tal como explica el doctor Acuña,
es poco probable que un trabajador enfermo de hepatitis A, por ejemplo,
genere un brote en su lugar de trabajo, pues el ciclo de contagio
más habitual es largo (heces con el virus contaminan el agua,
ésta los alimentos y recién ahí el virus se
introduce en las personas).
Además, los casos que se
presentan entre las población adulta son más esporádicos
de lo que se cree. Tanto así, que a partir de los 25 años
de edad, la mayoría de las personas ya estuvieron expuestas
al virus de la hepatitis, a veces sin saberlo. No hay que olvidar
que en la infancia más temprana la mayoría de quienes
padecen hepatitis no sienten los síntomas.
El problema es cuando el origen
del contagio se encuentra en el casino. ¿Cómo saberlo?
Según la infectóloga de la Mutual de la Cámara
Chilena de Construcción, María Elisa León,
cuando aparecen más casos de lo habitual en la misma empresa,
es sugerible examinar los fluidos de los manipuladores de alimentos,
pues si uno de ellos porta la enfermedad, ahí sí que
se corre el riesgo de un brote importante.
Un cultivo de fluidos permite descartar
la relación entre personas, dice.
Y si bien la reacción natural
de los trabajadores es aislar al compañero enfermo para prevenir
el contagio, generalmente no se justifica tanto temor.
Tal como explica León, la
ignorancia impide a las personas mantener una actitud solidaria
con los empleados que padecen enfermedades que no se contagian con
la facilidad de un resfrío.
Tuvimos que ir a hacer un curso
a una empresa donde un chofer se contagió con virus Hanta.
No sólo no se acercaban al chofer, sino que tampoco se acercaban
al acompañante. El hanta no se contagia de persona a persona,
sino por la orina del ratón. Desconocimiento, dice.
Distinto es el panorama cuando
se trata de enfermedades respiratorias. En el caso de la tuberculosis,
por ejemplo, la transmisión es por vía aérea,
así que en ese caso sí se justifica aislar al enfermo.
Males importados
Quizás más peligrosas
que el creciente número de inmigrantes provenientes de regiones
donde prevalecen males que acá están virtualmente
desaparecidos, son las denominadas enfermedades del viajero. Tal
como lo reconoce la Organización Mundial de la Salud, la
creciente movilidad de ciudadanos de unos países a otros
ha acabado con las limitaciones geográficas de las enfermedades.
No hay prácticamente zona
del mundo que no sea visitada hoy por algún ejecutivo chileno
y, en muchas de ellas, prevalecen enfermedades que para los nativos
son como un simple resfrío, pero que pueden matar a un extranjero:
filariosis, leishmaniasis, paludismo, esquistosomiasis y hasta la
tuberculosis.
Oficinas cerradas
Los edificios herméticamente
cerrados son, quizás, la peor amenaza para la salud de los
trabajadores. En 1970, las empresas norteamericanas optaron por
esa riesgosa alternativa para enfrentar la crisis energética
que amenazaba con desangrar al país. La idea era conservar
el calor al interior de las oficinas y, de ese modo, reducir al
máximo el consumo de petróleo de los sistemas de calefacción
y aire acondicionado.
La decisión fue desesperada,
pero dio resultado. Los costos se redujeron drásticamente
y, al poco andar, la mayoría de los oficinistas americanos
trabajaba en verdaderas burbujas de aire reciclado.
La situación parecía
óptima, hasta que la tragedia se desató en la ciudad
de Filadelfia en 1976: 34 personas reunidas en un hotel de esa ciudad
murieron víctimas de la bacteria legionella, incubada en
los sistemas y ductos de ventilación del edificio.
La tragedia sirvió para
que la Organización Mundial de la Salud acuñara el
término Síndrome del Edificio Enfermo o Mal del Legionario,
en esos momentos se desarrollaba en el hotel una convención
de la Legión Americana, y para que las empresas actualizadas
en materia de salud laboral comenzaran a reabrir sus ventanas y
a salvar a sus empleados de una muerte lenta e imperceptible.
En Chile, el Decreto Supremo 594
sobre condiciones sanitarias en los lugares de trabajo es el que
dicta las pautas fundamentales que deben prevalecer en materias
como ventilación y servicios higiénicos.
EN INTERNET
¿Considera que los trabajadores
mantienen una actitud solidaria con los empleados que padecen alguna
enfermedad grave? Sus opiniones en el canal de empleos de emol.
www.emol.com |